Rivera objeto de deseo

Desde la presidencia del PSOE Cristina Narbona le pide a Albert Rivera ‘cordura’, que es lo que Narbona debió pedir a Pedro Sánchez antes de que su secretario general se subiera a la grupa de la montura desbocada de Quim Torra.

En realidad Narbona no está intentando que Rivera rompa el famoso ‘cordón sanitario’ del que tanto se queja Sánchez y que inventó José Luis Rodríguez Zapatero con el pacto del Tinell. Lo que busca Cristina es recuperar votos del PSOE que fueron a Cs, motivo por el cual son muchos los dirigentes del PSOE que desean que Josep Borrell encabece en Barcelona la lista del PSC.

Naturalmente si Borrell fuera el candidato a la presidencia del Gobierno de España el ‘cordón sanitario’ de Rivera no existiría. Pero al margen de estas polémicas de claro interés electoralista la cuestión de fondo está en que nadie quiere pactar con Sánchez salvo Podemos.

Y puede que esa sonora soledad de Sánchez solo la podrá romper el PSOE con otro candidato a presidente del Gobierno. Salvo que ‘el resistente’ decida volver a los brazos de Torra siempre y cuando les conceda indultos a los golpistas que resulten condenados en el juicio que ahora se desarrolla en el Tribunal Supremo.

Al final y al margen de la literatura del ‘diálogo’ sin condiciones o del 155 por doquier existe un término medio que debe ser infranqueable. Y ese punto de inflexión se llama Imperio de la Ley.

Por ello si el Tribunal Supremo condena a los autores del golpe de Estado catalán del 27-O y Pedro Sánchez indulta unas semanas después a los que resulten condenados, el soberanismo catalán afirmará que el Gobierno de España está rectificando las decisiones del Tribunal Supremo y que sus líderes patrióticos fueron encarcelados y condenados injustamente por una Justicia manipulada.

De manera que la mejor prueba de ‘cordura’ que ahora hace falta sería la de escuchar a Pedro Sánchez decir que él nunca concederá indultos al golpismo catalán. Pero Sánchez calla porque sabe que esa es la última moneda de cambio que le queda para regresar al poder de la mano de Torra.

Pero esa moneda es, como las cuestiones de legalidad, del Estatuto y la Constitución la frontera que un gobernante español nunca puede pasar. Y Sánchez lo sabe y teme tener que entregarle la moneda de los indultos a Torra.

Entre otras cosas porque semejante paso abriría en el interior del PSOE una fractura política de consecuencias imprevisibles en un tiempo en el que, como hemos visto en Francia, los partidos tradicionales caen por los suelos y desaparecen con gran facilidad.

Y Sánchez no se debería creer que el ascenso del PSOE en las encuestas se debe a su solo ímpetu personal, sino más bien al hundimiento de Podemos lo que por otra parte era lógico y de esperar. Pero no facilita una mayoría de la izquierda y le deja a Sánchez en la tesitura de elegir entre Rivera y Torra, lo que en realidad es un falso dilema porque Rivera con él no pactará. Si fuera con Borrell eso ya sería otro cantar.