Rivera rompe con el PSOE y aísla a Sánchez

Cuando Jordi Évole le preguntó a Alfonso Guerra si pensaba votar a Pedro Sánchez en los comicios del 28-A, el veterano político socialista respondió: ‘pero ¿se va a presentar?’.

La malvada respuesta de Guerra no fue aleatoria sino que encerraba una tozuda realidad: el aislamiento de Sánchez (y del PSOE) frente al resto de fuerzas constitucionales por su desprecio olímpico a España, y sus más que temerarias concesiones a Quim Torra y los partidos pro golpistas catalanes de ERC y PDeCAT.

Y por si quedara alguna duda ayer Albert Rivera anunció formalmente que Cs no pactará con el PSOE -hasta ahora sólo vetaba a Sánchez- después de las elecciones generales del 28-A. Con lo que Rivera, más coherente, le impide a Pablo Casado repetir la broma del pomelo sobre Cs -‘naranja por fuera y rojo por dentro’- y marca su territorio de manera contundente frente al PSOE.

A Sánchez todavía le queda otro problema importante además de su claro aislamiento por parte de PP y Cs, que lo deja en manos de Torra: el gran malestar que en su contra, y por el mismo motivo catalán, existe en el PSOE contra de su persona. Como lo prueba el hecho de que abriera su campaña electoral en Andalucía, el cuartel de su ‘enemiga interior’ Susana Díaz, para exigir pleitesía y forzada unidad ante la convocatoria electoral.

Siguiendo Sánchez la vieja cultura del PSOE de ‘a lo hecho pecho’ en los tiempos de gran dificultad para el partido, como ahora es el caso. Eso que Felipe González pedía en momentos delicados para el partido: ‘ahora la militancia pura y dura, ¡la piña!’.

Como por ejemplo ocurrió con los crímenes del GAL sobre los que Guerra pasó de puntillas en su entrevista con Évole y sin decir verdad, porque en ese tiempo era vicepresidente del Gobierno y por ello tiene una buena parte de esa gravísima responsabilidad.

Sin embargo ‘la piña’ no funciona en el PSOE como durante el felipismo porque el PSOE está prácticamente roto y son muchos los votantes que se irán a Cs o no votarán (como ocurrió en Andalucía), decepcionados con la locura catalana de Sánchez. Votantes a los que Rivera dirá en la campaña electoral: ‘votar a Sánchez es como votar a Torra, para conceder indultos a los golpistas, y nombrar a Pablo Iglesias vice presidente del Gobierno’

Por ello no está claro que Sánchez vaya a ganar las elecciones del 28-A como de momento dicen las encuestas. Porque la campaña electoral será determinante y nada está escrito. Y menos si el oráculo resulta ser Tezanos, el conocido manipulador del CIS que se estrelló en Andalucía.

Por todo ello el movimiento inteligente que Rivera ha hecho en el tablero ha desconcertado a Sánchez (y a Casado) quien se ha quedado a solas con los fantasmas del castillo de Frankenstein: Pablo Iglesias, el asceta del chalé; y Quim Torra, el que fuera su compañero de baile en la fiesta de Pedralbes. El lugar donde el catalán le birló la cartera a Sánchez y le colocó el documento de las 21 exigencias entre las que figuraba el famoso ‘relator’ -Carmen Calvo ‘dixit’- que está en el origen del adelanto electoral.