Félix de Azúa descalifica a los diarios digitales

El prestigioso escritor y miembro de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) Felix de Azúa ha declarado en una entrevista concedida al diario El País: “el periodismo de papel es el único que entiendo como periodismo, los periódicos digitales se parecen al periódico de verdad sólo residualmente”.

Semejantes afirmaciones constituyen un grave error y una descalificación generalizada de los diarios digitales impropia de De Azúa, que demuestra con sus palabras un alto desconocimiento de la realidad y la importancia de los diarios digitales en España y en el mundo.

Sobre todo en este tiempo en el que los diarios impresos son ‘residuales’ porque que están llamados a desaparecer por la inviabilidad de su negocio, la pérdida masiva de lectores y la ausencia de nuevos seguidores. Y por su imposible competencia con un periodismo digital inmediato, global y dotado de una enorme capacidad de contenidos escritos y audiovisuales de la que carece el periodismo de papel.

Desde la admiración y el respeto que profesamos a Félix de Azúa por su obra literaria, como ensayista, y destacado miembro de la RAE, y por su ejemplar compromiso con las libertades y la democracia, tenemos que invitarle a revisar sus opiniones sobre el periodismo digital y a conocerlo mejor haciendo gala de la curiosidad intelectual que le caracteriza.

Un ejemplo: el texto íntegro de la entrevista que le hizo el diario El País apareció en la edición digital del periódico pero sorprendentemente en su edición impresa sus críticas sobre el periodismo digital fueron eliminadas, o censuradas, lo pone en entredicho el pretendido por De Azúa ‘periódico de verdad’.

Se equivoca de lleno Félix de Azúa. Y no solo por la asombrosa revolución tecnológica e informativa imparable que representa el periodismo digital sino por las altas cotas de libertad de información, análisis y expresión que permite.

Sobre todo en este tiempo trepidante en el que, en el caso de España, los grandes diarios nacionales están sometidos al poder público y la influencia de los grandes grupos económicos (sus propietarios actuales) y también a opciones ideológicas y partidarias de distinto signo.

Se aprecia con facilidad en las portadas de los admirados, por De Azúa, diarios de papel, porque éstas muchas veces se convierten en panfletarios editoriales con los que la prensa de papel sirve a sus propietarios, partidos afines e intenta provocar la empatía de sus lectores a los que ofrece, no la actualidad neutral, sino lo que ellos esperan leer, mezclando la información y la opinión en una obscena promiscuidad que atenta contra el relato de la verdad.

Unos diarios impresos entre los que, por supuesto, existen muy notables diferencias en sus pretendidas cotas de ‘independencia’ y de ‘calidad’. Y que en los años pasados de la Transición nos ofrecieron momentos de grandeza y compromiso democrático que no se pueden olvidar.

Y sabemos que, por lo general, no es ‘la calidad’ lo que hoy día impera en ámbito digital. Pero esa calidad y buen hacer profesional sí que existe en muchos diarios digitales españoles y de otros países. En los que es mucho mas fácil alcanzar cotas de independencia y libertad que en los diarios de papel, por la gran diferencia de costes de producción y distribución y en consecuencia por una menor dependencia del poder político y económico.

Por todo ello De Azúa debería reconsiderar sus críticas y descalificaciones al nuevo periodismo digital español que, a fin de cuentas, es fruto de una muy afortunada ‘Serendipia’ (término que brillantemente utilizó De Azúa en su discurso de entrada en la RAE) que sin duda favorece el derecho y el acceso gratuito a la Información, la Cultura, la Democracia y la Libertad.