Sánchez, Susana, Rivera y más

En el Gobierno de las rectificaciones el presidente Pedro Sánchez es el Rey. En tan solo 24 horas y hablando por la boca de ganso de Ábalos ha dicho que en Andalucía se debe proceder a una ‘regeneración’, lo que luego ha quedado en ‘renovación’ por no decir directamente ‘depuración’ o patíbulo en donde poder cortar la cabeza de Susana Díaz para cumplir la venganza pendiente de Sánchez, el aventurero pinturero.

También en un abrir y cerrar de ojos Sánchez ha dicho que se le debe quitar la ‘inviolabilidad’ al Rey. Y a los pocos minutos el ganso del PSOE, ha dicho que no, que eso ha sido un lapsus del presidente en un momento de cierta enajenación.

Sobre los Presupuestos de 2019 lo mismo. Sánchez dijo que los presentaría en el mes de diciembre, ahora dice que en enero, y desde La Moncloa se matiza que probablemente nunca y que en ese caso prorrogarán los de 2018 de Mariano Rajoy, el que estará siguiendo la política nacional a través de un calidoscopio para verlo todo en formato poliédrico y multicolor.

Lo que pasó en Andalucía a Rajoy le dio un alegrón y si el soldado Bonilla llega a general en ese caso brindará con Arenas y Bonilla con manzanilla y en Sevilla donde cuando llueve es una maravilla.

Sobre todo una vez que Albert Rivera entre en razón como parece que va entrando cuando dice que ‘no hay que descartar nada ni a nadie’ para favorecer el cambio andaluz. Lo que suena un poco mejor que ese otro de Marín o nada. Entre otras cosas porque Marín es poca cosa y como nos decía Rajoy los platos son los platos y los vasos son los vasos. Y a todo eso, que no es mal hueso, échele usted un galgo.

En cuanto al entrometido Manuel Vals da la impresión que lo que busca el francés es una excusa para salir corriendo de Barcelona que sin duda es un avispero donde los de los lazos amarillos lo pueden correr a gorrazo. Como los de los chalecos amarillos han corrido a Macron. Un pretendido ‘Rey Sol’ de Francia que se está quedando en un Presidente eclipse y poco más.

Pero regresemos a Sánchez a quien el CIS Tezanos le acaba de regalar otro sobresaliente electoral del 31 %, como a Susana Díaz le pronosticó un 35 % y se estrelló. Sánchez no se fía de Tezanos y por ello no se atreve a dar el paso decisivo para adelantar las elecciones generales para primeros meses de año -se dice que en marzo- porque corre el Presidente corre el riesgo de convertirse en ‘Pedro el breve’ por no cumplir, ni siquiera, un año en La Moncloa, lo que debería ser motivo para no recibir la jubilación presidencial.

Pues bien, el Presidente les ha dado un ultimátum a los nacionalistas para que dé una vez por todas le digan sí o no a los Presupuestos de 2019. Y si es definitivamente ‘no’ entonces Sánchez decidirá adelantar las elecciones tras escenificar una ruptura soñada con el golpismo catalán a los que echará las culpas de su fracaso, llorando sobre el hombro de Pablo Iglesias, el que acaban crea los CDR andaluces a medias con los ‘Clinton de Cádiz’ que son Teresa y El Kichi, para echar de Andalucía a los 400.000 votantes de Vox.

Pero si Sánchez se empeña en liquidar a Susana y montar una gestora del PSOE en un patio de Sevilla se va a equivocar porque el PSOE se romperá y Felipe y su gente montarán el Partido Socialdemócrata Español (PSDE), lo que nadie debería descartar.

Sánchez, como Phileas Fogg, quiere dar la vuelta al mundo en 80 días o en ocho meses que es prácticamente lo mismo, y por eso siempre tiene puesto el pie en el estribo del avión presidencial para viajar a donde sea con tal de viajar. Pero ahora se nos ha puesto el manto de estadista para celebrar el 40 aniversario de la Constitución y durante unos días parará.

Pero cuando se acaben los fastos y las Navidades él volverá a su proverbial locura y a cometer errores en cadena y a rectificar y no porque ello sea cosa de sabios sino la costumbre de políticos incompetentes que nunca saben como acertar y que a las ocurrencias les llaman decisiones que a las pocas horas, o días, deben rectificar.