Mr. MacLand en el punto de mira

Luis Bárcenas está que trina en la cárcel de Soto del Real tras conocer las últimas revelaciones de la trama del comisario Villarejo de la ‘Operación Kitchen’ que investiga el juez Diego Egea de la Audiencia Nacional. Pesquisas sobre utilización de fondos reservados para ‘comprar’ al chofer de Bárcenas, Sergio Ríos (incorporado luego a la policía), poder espiar a Bárcenas y sustraer de sus aposentos documentos que implicarían a varios dirigentes del PP en la corrupción y los sobresueldos de la ‘Caja B’.

Revelaciones en las que ahora se incluye la entrada ilegal en un estudio privado -de cuya existencia informó el chófer Ríos a la policía- donde Bárcenas y su esposa Rosalía ocultaban pruebas y documentos sobre la corrupción del PP. Lo que parece haber colmado la paciencia del ex tesorero de Rajoy, del que se dice que está a punto de lanzar la ‘bomba atómica’ sobre la anterior cúpula del PP, ahí incluido Mariano Rajoy.

Un Rajoy al que algunos de los suyos llaman ‘Mr. MacLand’ por su afición a ese whisky escocés. En el que ahogó sus penas en la tarde noche del 31 de mayo pasado, cuando se ausentó del debate de la moción de censura que en ese momento se desarrollaba en el Congreso de los Diputados para al final refugiarse en el reservado el restaurante Arahy de la calle Alcalá de Madrid.

Lugar donde Rajoy permaneció hasta el anochecer dejando vacío su escaño en el ‘banco azul’ del Congreso en compañía de sus fieles y varias botellas de su whisky preferido. Momento en el que Rajoy ya transformado en Mr. MacLand bajo los efluvios del néctar escocés decidió abandonar la política, tras negarse a dimitir durante la moción de censura. Lo que facilitaba la investidura de Pedro Sánchez a quien se le entregó todo el poder.

Desde entonces las sobremesas de Mr. MacLand se sucedieron tras dejar Rajoy la presidencia del Gobierno y del PP en cenas y almuerzos con sus ex ministros y dirigentes del partido. Incluso ya fuera de la política Mr. MacLand reanudó sobremesas regadas con caldo escocés. Alguna en Santa Pola antes de venir a Madrid, y mas tarde en la capital del Reino donde finalmente Rajoy consiguió plaza de registrador.

A todo ello tenemos que añadir la ruptura del pacto para el reparto del Poder Judicial entre Sánchez y Casado, del que con urgencia Casado había informado a Rajoy porque, según algunas fuentes, parece que Sánchez renunciaba a ‘perseguir a Rajoy ante la Justicia’, a cambio de que el PP le entregara la mayoría del Consejo del Poder Judicial al PSOE. Pero el fin del pacto acabó con el paraguas protector del Poder Judicial.

Y a partir de ahí entendemos que Mr. MacLand tiene motivos para estar inquieto y para beber. Porque esa ruptura, por la dimisión de Marchena y el Whatsapp de Cosidó, dejaba de nuevo a Don Mariano a la intemperie. Y que por ello no le apetezca permanecer en su casa a solas repasando en su cabeza de memorión sus últimos errores y los peligros al acecho. Y de ahí las largas sobremesas con el núcleo de su anterior equipo de Moncloa.

Para colmo estalla la ‘Operación Kitchen’ donde se señala al ex director de la policía Cosidó y al ex ministro Fernández Díaz (citados a la comisión de investigación del Congreso en compañía de López del Hierro) y puede que también a Arenas, Rato, Cascos, Acebes y Mayor Oreja, a los que Bárcenas tendría en el punto de mira del bombardero fatal en donde podría apretar el botón de esa ‘bomba atómica’ imaginaria que estaría a punto de estallar.

Y que tiene de los nervios a Rajoy, o don Tancredo, o Mr. MacLand, por el riesgo del contra ataque de Bárcenas y las consecuencias de las últimas revelaciones de la Operación Kitchen. En la que empieza a circular el nombre de ‘la pequeña asesina’ Soraya Sáenz de Santamaría (¿quiénes entraron ilegalmente en el estudio de Bárcenas a fotocopiar documentos privados del ex tesorero del PP policías o espías?) lo que tampoco nos tiene que extrañar. Lo que nos anuncia más sobremesas hasta el atardecer.