El magnicidio

Lo que nos faltaba. Ahora se ha sabido que el pasado mes de septiembre los Mossos de Escuadra detuvieron en Tarrasa a un aguerrido franquista llamado Manuel Murillo que planeaba contra la vida de Pedro Sánchez por su decisión de exhumar los restos de Franco.

El personaje en cuestión fue denunciado por una dirigente catalana de Vox (partido que le ha salvado la vida a Sánchez, se podría decir) a los Mossos que inmediatamente detuvieron al presunto magnicida y encontraron en su casa un arsenal de 16 armas, entre rifles y pistolas, a las que el tal Manuel Murillo era aficionado y asiduo practicante de tiro al blanco.

La noticia, a la que el propio Sánchez no ha dado importancia, si provocó un importante revuelo político y más de un analista y dirigente político dijeron que está creciendo en España un ambiente de odio y de crispación. El que permite que se descubran tentativas como ésta aunque parece que el plan de atentado de momento sólo era verbal, y que el presunto magnicida no tenía planes o estrategia alguna para atentar, aunque sí parece que voluntad.

Afortunadamente el asunto no ha ido a más. Pero si esto sigue así un día de estos acabaremos asistiendo a enfrentamientos en las calles (como los que han protagonizado los CDR en Cataluña, y además jaleados por Torra) y un muerto sería la peor de las noticias en este país, porque esa sería la mecha de un estallido mucho mayor.

De manera que cuidado porque rifles y pistolas como las intervenidas al tal Murillo las carga el diablo con munición de odio nacionalista y de políticas radicales que lejos de abundar en la reconciliación nacional de la transición se dedican a reactivar las dos Españas de la Guerra Civil. Y ese sendero no conduce a nada bueno como ahora en Tarrasa se acaba de comprobar.