Cuando el agua mata

Diez personas muertas y un niño desaparecido además de importantes destrozos materiales es el primer y trágico balance de la tromba de agua infernal, 223 litros por metro cuadrado, que el martes asoló la localidad mallorquina de Sant Llorenç.

Al mismo tiempo otras tormentas de aguas torrenciales asolaron distintas poblaciones de España (un hombre murió en Málaga) causando enormes destrozos y desolación en muchos lugares del país.

No es la primera vez que llegan a España estas fuerte tormentas pero esta de Llorenç ha sido especialmente grave y confirma la dureza del cambio climático que se está produciendo a gran velocidad en todo el Planeta. El muy reciente y mortífero tsunami de Indonesia y el huracán Michael de Florida de fuerza inusitada dan fe de esta grave y acelerada alteración del clima y también del calentamiento global sobre el que ha lanzado serias advertencias la ONU y otras instancias internacionales.

Y hora es que los gobiernos de todo el mundo se tomen muy en serio esta situación que va a más y no es estacional ni previsible. Y que en el caso de España bien merece una política preventiva por parte del Gobierno y no solo cuando se anuncian tormentas sino Incluso cuando no las hay porque en mucha localidades y ciudades de España se deben acondicionar los viejos cauces de ríos aparentemente secos y vacíos que son los canales sobre los que, en los casos de trombas de agua, se canalizan riadas desbordadas que luego siembran la muerte y la destrucción.

Y estas actuaciones preventivas corresponden al Gobierno central, a las Administraciones autonómicas y a las Diputaciones. Los que deben hacer un estudio en profundidad sobre los lugares de posible alto riesgo para de esa manera prevenir nuevas avalanchas, sobre todo allí donde ya se produjeron incidentes de riadas y desbordamientos.

Además está claro que en España el agua no sobra y cada vez llueve menos y de manera irregular. Motivo por el que tampoco estaría de más encontrar fórmulas para que permitan almacenar ese agua de tormentas que por lo general se pierde, se filtra en la tierra o se va al mar. Motivo por el que hora es de replantear también el plan hidrológico nacional.

En todo caso y afortunadamente como lo hemos visto en Llorenç lo que está demostrado en nuestro país es la solidaridad de todos los españoles con las personas y lugares afectados. Y como ejemplo encomiable ahí está la ayuda de nuestro primer deportista nacional Rafael Nadal.