Iglesias y la buena educación

Está claro que la reciente paternidad de Pablo Iglesias y el estreno de su bonito y espacioso chalé de Galapagar no han influido en el aspecto ni en las formas, desarropado y desganadas, que utiliza el líder de Podemos. Ni siquiera en actos oficiales como el de su encuentro en La Moncloa con el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez, quien al contrario que Iglesias se esmera en cuidar su aspecto personal y su ropa porque, como su mujer Begoña, a Sánchez le apasiona la moda y el bien vestir.

No, ese no es el caso de Iglesias que el jueves se presentó en Moncloa con pantalón vaquero y camisa blanca remangada, la melena mal peinada y unos aires campechanos impropios de la ocasión, hasta el punto de ponerle una mano sobre el hombro al Presidente del Gobierno en el umbral del Palacio y ante los medios de comunicación. E imaginamos que diciéndole a Sánchez: ‘qué tal colega’.

Todavía recuerdo un incidente de Adolfo Suárez con el Rey Hassan II de Marruecos cuando tras una reunión en el despacho del Rey Juan Carlos I en el Palacio de La Zarzuela y cuando se dirigían al comedor, Suárez tomó por el brazo al monarca alauita y éste visiblemente molesto se separó y le dijo al presidente español ‘pas toucher’ (no tocar). Luego Suárez le devolvió la pelona en él almuerzo pero aprendió la lección.

Sin embargo el que no aprende es Iglesias quien ya dentro de Moncloa se sentó en un sillón echando los pies por alto como si estuviera con Sánchez en un pub tomando unas cervezas y a punto de comenzar una partida de billar.

Y esas no son maneras por más que Iglesias pretenda diferenciarse así de ‘la casta’ a la que ya pertenece desde que se compró el chalé. Y no hace falta acudir a Moncloa con corbata, pero no estaría mal que al menos usara chaqueta tal y como se lo recomendó su madre con buen criterio, y que acertara a la hora de saludar y de sentarse en un sillón o en un comedor.

Y ya sabemos que no pasa nada por no aceptar una formas que en cierta manera forman parte de la vida institucional y sabemos que Pablo Iglesias está en su derecho de vestir y comportarse como le dé la gana. Como en su día se puso un smoking para acudir a la gala de los Goya e hizo bien aunque lo hiciera solo para llamar la atención.

Sin embargo a su compañera Irene Montero (la que al menos debería ayudar a escoger diferentes camisas y vaqueros para Pablo) sí le gusta arreglarse y presumir, por ejemplo cuando acude a un plató de la televisión. Y bueno sería que Irene, poco a poco, le hiciera moderar su estética e institucional actuación.

Pero ya sabemos que no pasa nada porque Iglesias siga igual pero el hábito hace al monje y basta ver el aspecto y ciertos modales para suponer, como lo suponen muchos españoles, que Podemos nunca va a gobernar. Y eso de la estética y los malos modales les quita votos y puede que más de los que ellos se podrían imaginar.