Dejen en paz a Adolfo Suárez

En las elecciones generales de 1986 y cuando Adolfo Suárez lideraba el CDS alguien le propuso al expresidente del Gobierno, que competía en desigualdad de condiciones con poderosos adversarios, utilizar en su cartel de campaña electoral la foto del golpe de Estado del 23-F en la que Suárez aparecía haciendo frente al coronel Tejero. Pero Suárez lo rechazó diciendo: ‘esa fotografía es patrimonio de todos los españoles’.

Pues eso mínimo le decimos ahora a Pablo Casado para que deje en paz a Adolfo Suárez cuya figura es patrimonio de todos los españoles, y lo mismo se puede decir de la Transición que pretende acaparar el PP para disfrazar de ‘centro’ el giro a la derecha que está dando el Partido Popular.

No está mal sin embargo que Casado quiera enmendar la Ley de Memoria Histórica de Zapatero aportando su propio proyecto de Ley de Concordia, y es muy libre el PP de crear una Fundación de Concordia y Libertad a cuyo frente ha puesto a Adolfito Suárez Illana.

El hijo del histórico ex presidente del Gobierno que debería ser el guardián del buen nombre de su padre en lugar de tergiversar su legado en su propio beneficio y en el del PP.

Intentando aparentar el tal Adolfito que su padre ahora estaría en el PP lo que es una burda manipulación de la figura de Adolfo Suárez. Entre otras cosas porque fue la derecha post franquista, y el poder económico de ese  tiempo, que hoy representa el PP y fundó Manuel Fraga, la que desde AP y del flanco conservador y democristiano de la UCD provocaron la caída de Adolfo Suárez dando alas al golpe de Estado del 23-F.

El nombre de Adolfo Suárez está unido a la Transición y así deberían seguir al margen de las luchas partidarias y de cualquier operación oportunista de maquillaje electoral como la que ahora intenta Casado para competir con Cs en ese centro imaginario de la política donde también pretende pescar votos el PSOE.

Un centro político e ideológico que en realidad hoy no ocupa nadie vista la radicalidad de las ‘dos Españas’ emergentes que ahora se disputan el poder mientras el soberanismo nacionalista ‘echa su cuarto a espadas’ en pos de un jaque temerario a la unidad de la España Constitucional.