Dos homenajes a Aretha y McCain y una exhumación

El pueblo norteamericano y sus primeros dirigentes y gobernantes, con la sola excepción del presidente Trump, se han unido en sendos y emotivos funerales y homenajes a la Reina del Soul, Aretha Franklin, en una iglesia de Detroit y al Senador y héroe John McCain, en el Capitolio de Washington, ambos fallecidos en los pasados días.

Las grandes cadenas de la televisión americana han retransmitido en directo estos acontecimientos a los que han acudido miles de personas entre ellas altos dignatarios de la política y de las instituciones de los EEUU y el Ejército en el caso de McCain que fue piloto de combate en Vietnam, donde estuvo preso seis años. Y también políticos y representantes de todo el arco de la Cultura americana en el funeral de Aretha, donde no faltó la música, coros de Gospel y la interpretación de sus canciones favoritas.

Y en ambos casos el mayor respeto y emoción en el nombre de estos dos grandes personajes y de la unidad del pueblo americano que ha estrechado sus manos en un tiempo difícil por la fractura social que agita el populismo de Donald Trump.

En España la fractura política, ideológica y social vigente no deja resquicio para abrir un paréntesis de concordia en la unidad nacional. La que ahora está de nuevo amenazada por el soberanismo anti democrático e irracional de los separatistas catalanes.

Los que están llevando a las calles y plazas de Cataluña los símbolos de esta pretendida ruptura poniendo en serio riesgo un enfrentamiento civil como el que anuncian las primeras agresiones ocurridas.

Mientras tanto desde los ‘minaretes’ fanáticos de algunas instituciones (como la alcaldía de Vic) se hacen públicos y sonoros llamamientos a la independencia y los gobernantes catalanes que allí representan al Estado reniegan, como lo hace Quim Torra, de la legalidad española y el orden constitucional.

Si a todo ello añadimos el esperpento político del Valle de los Caídos y la anunciada exhumación de los restos del dictador Franco 43 años después de su muerte veremos una pobre imagen de España y de sus gobernantes y dirigentes, ajenos a los verdaderos y hoy cercanos problemas del país.

Un país donde el patriotismo constitucional se posterga y se sacrifica con gran facilidad en aras de las interesadas luchas de poder que este otoño que ahora comienza se van a intensificar.