Lo que esconde Villarejo

Graves son y lo parecen los chantajes y amenazas ‘al Estado’ (se dice) por parte del ex comisario José Manuel Villarejo, actualmente en prisión por un sinfín de presuntos delitos entre los que figuran las grabaciones ilegales de poderosos, notorios personajes y  altos dignatarios de la Administración del Estado.

Pero si todo eso es muy grave e inquietante todavía es mucho más grave que esos mencionados poderosos y muy altos dignatarios del Estado sean responsables y autores de actos y delitos con los que puedan ser objeto de chantaje para no acabar en las manos de la Justicia.

Estamos ante otro capítulo de la impunidad en ‘los agujeros negros’ de la transición de los que hablábamos ayer en estas páginas y que se creían enterrados. Pero que reaparecen de tiempo en tiempo como una furiosa Moby Dick que amenaza la estabilidad del ballenero Pequod, en este caso habilitado como símbolo del Estado español.

Y decimos esto porque los fiscales anti corrupción Ignacio Stampa y Miguel Serrano han pedido al juez que instruye el caso del ex comisario Villarejo, Diego de Egea, que declare secreto todo el sumario para proteger así la investigación en curso. Y porque la documentación interceptada a Villarejo y en buena parte ‘encriptada’ podría tener información sensible ‘para las instituciones y la seguridad del Estado’ (sic).

¿A qué información sensible y a qué personas e instituciones se refieren los fiscales anti corrupción de tan alarmante manera? No se sabe, pero bien lo podemos imaginar, en todo o en parte. Y por ello regresamos una vez más al argumento de ‘la razón de Estado’ que insinúan los fiscales para tapar todo lo que haya que tapar.

Dando por hecho que la Democracia española es menor de edad, y que se corren riesgos de consecuencias imprevisibles, máxime en este tiempo de amenaza separatista en Cataluña donde los soberanistas podrían utilizar en contra de España todo lo que reste prestigio y credibilidad a nuestro país.

Algún día este país deberá ponerse colorado de una vez por todas sacando a la luz todo lo que hay que sacar, en vez de vivir con sobresaltos que ponen amarillos al conjunto de los españoles. Al tiempo que se crean situaciones propicias para los chantajistas que nadan en el río revuelto de la impunidad.

Lo malo es que el momento propicio para la limpieza de los bajos del buque español nunca llega porque siempre hay argumentos para retrasarla con la intención de enterrarla para siempre. E imaginamos que en el hueco que van a dejar en El Valle de los Caídos los restos del dictador Franco una vez que sean traslados (lo que el Gobierno hará por Ley). Y todo ello (los silencios y los secretos de la Transición ahí incluidos)  presentado como una ofrenda a la reconciliación nacional y bajo una lápida de 1.500 kilos que, también por Ley, nadie podrá levantar.