Tres tristes tigres: el Papa, los Mossos y Argento

Primer tigre. Se ha quedado corto el Papa Francisco cuando, a propósito de las espeluznantes revelaciones de los más de mil casos de pederastia de 300 sacerdotes en Pensilvania, con la complicidad y el conocimiento del Vaticano, ha dicho: ‘hemos descuidado y abandonado a los pequeños’.

Eso es muy poco decir y nada hacer ante tamaña infamia en la que por acción y omisión colaboró durante muchos años el Vaticano. Hasta el punto de hacerse cómplice y colaborador necesario de estos crímenes por los que la Iglesia Católica y sus altos representantes deben ser juzgados.

El Papa Francisco debería reconocer la culpa vaticana y anunciar que a partir de ahora denunciará ante la Justicia ordinaria cualquier caso que llegue a su conocimiento.

Y además el Pontífice debe abordar de una vez por todas la posición mala y retrógrada de la Iglesia ante la sexualidad y abolir el celibato. Y si no hace nada de todo esto la Iglesia lo pagará muy caro y los católicos lo tendrán que denunciar.

Segundo tigre.  Los Mossos d’Esquadra catalanes han matado en una de sus comisaría a un argelino que entró diciendo ‘Ala es grande’ y llevaba un cuchillo en la mano. Nada de reducirlo, detenerlo, interrogarlo y llevarlo ante el juez. Ejecución sumarísima como hicieron con los terroristas del 17-A, y como ha ocurrido en algún que otro episodio.

Los Mossos, como en el lejano Oeste, son de gatillo fácil y disparo rápido y eso lo debería investigar algún juez, porque la pena de muerte no existe en nuestro país y nadie se puede tomar, a tiros, la Justicia por su mano, menos un agente público de seguridad.

Tercer tigre. Asia Argento, actriz y directora de cine italiana y una de las líderes del movimiento feminista #MeToo que denunció al productor de cine Harvey Weinstein, pagó para taparle la boca y que no la denunciara la bonita suma de 380.000 dólares a Jimmy Bennet, un joven músico y actor, al que Asia acusó sexualmente cuando este era menor de edad.

Lo acaba de revelar con estruendo el diario The New York Times, ante el asombro de sus compañeras de #MeToo, movimiento en el que la tal Asia Argento fue pionera con una desvergüenza infinita como se acaba de comprobar, haciendo bueno el dicho español de ‘donde las dan las toman’, lo que no quita ni pone nada nuevo a todo lo demás. Pero sí a su conducta personal.