Torra, una hora con Màrius

El director de ‘La Vanguardia’, Màrius Carol, no suele meterse en camisas de once varas y cuando vienen curvas de actualidad suele escribir de los peces y las flores para no tener que opinar sobre lo que pasa de verdad. Pero ayer no tuvo más remedio que arrimarse al toro manso de Quim Torra para hacer toreo de salón, encargado por Javier Godó, con la intención de vestir a Torra de estadista catalán.

Pero a pesar de los esfuerzos de Carol el tal Torra no salió de la impostura ni de la mediocridad, y como dice el refrán ‘aunque la mona se vista de seda mona se queda’, por más que lleve el título de President de la Generalitat.

El que, dicho sea de paso, es un título que da y puede quitar España (con el 155), como el título de Conde de Godó lo da y lo puede quitar el Rey de España, Felipe VI. El monarca que fue despreciado por Torra en Tarragona y Gerona y a quien Torra pretende marginar del homenaje a las víctimas de los atentados terroristas de Cambrils y Barcelona.

Cuestión del maltrato y desprecio al Jefe del Estado que Carol no incluyó en su amable conversación con Torra, ni siquiera para decir que quien humilla y desprecia al Jefe del Estado, del que emana la legitimidad del presidente de la Generalitat, no está en condiciones de pedir diálogo con el Estado ni con el Gobierno de España.

Pero Godó teme a La Corona y a perder el título al que debió renunciar una vez que lanzó ‘La Vanguardia’ por la senda de la independencia de Cataluña, equiparando (con falsa equidistancia) a los golpistas con los demócratas.

Y causando un daño enorme a España y a Cataluña que está destrozada y rota (‘cierto descosido si se ha producido’, dice Carol sin ruborizarse). Y que camina hacia un enfrentamiento civil, como avisa Torra cuando advierte del riesgo que conllevarán las condenas (‘represalias’ les llama ante las narices del mundo Carol) de los juicios a los autores del golpe de Estado del 1-O y del 27-O.

De todo lo que Torra ha dicho y escrito de España y los españoles Carol ni una pregunta, ni una palabra. Y pasa de puntillas sobre la violación frontal, flagrante y premeditada con conspiración para delinquir y alterar el orden constitucional por parte de los golpistas procesados presos o prófugos.

Y ni una palabra sobre las grandes mentiras de los golpistas (¿dónde está su República?), sobre la Unión Europea, la crisis económica, el ‘España nos roba’ y salida de empresas o sobre la cobarde fuga de Carles Puigdemont.

Hubo un tiempo no lejano en Cataluña donde imperó la democracia y la libertad de expresión. Pero todo eso ahora ‘va por barrios’ y curiosamente no son los ámbitos más selectivos del otrora catalanismo los que brillan en la defensa de la legalidad, la democracia y la libertad.

Más bien al contrario fue en esas altas esferas del nacionalismo ‘remilgado’ donde se han facilitado medios de comunicación, propaganda y hasta de financiación del golpismo. Y en no pocos casos con el argumento falaz de estar, de manera equidistante, a uno y otro lado del problema como si fuera lo mismo colaborar con la policía y con los ladrones. Porque el núcleo del problema catalán no es político como dice Torra, sino de legalidad.