La vuelta de la tortilla

Hoy algo de infantil y tardo revanchista en el arranque de la Presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez. Primero fue la distribución de sus fotos con gafas de sol en el helicóptero y avión oficial de la Presidencia como diciendo a su familia (y a Susana Díaz, también) ‘Mamá, mira donde estoy, ahora voy a París a comer con Macron, besos Pedro’.

Luego la cosa fue subiendo de tono y Sánchez anunció la salida inmediata del cadáver de Franco de la Basílica del Valle de los Caídos y el inicio de los trámites para quitar a la nieta del dictador, la famosa Carmencita, el título de Duquesa de Franco (que el BOE acaba de publicar) mientras se estudiaba la manera de anular las medallas del policía torturador Willy El Niño.

Casi se apunta Sánchez el ingreso en la cárcel de Ávila del cuñado del rey Felipe VI, el ex duque de Palma, Iñaki Urdangarin. Y por supuesto nada le importó al Presidente, que es de izquierdas y republicano, el desprecio al monarca en Tarragona y Gerona del presidente de la Generalitat Quim Torra a pesar de que el Rey es el Jefe del Estado español.

Al que Torra despreció en Cataluña ante las narices de Sánchez lo que no  impide que nuestro Presidente, plurinacional, reciba al tal Torra con todos los honores en Moncloa para hablar, ¡faltaría más! de un nuevo referéndum de autodeterminación en Cataluña, a pesar de que ello es inconstitucional.

Y para celebrar ese ‘histórico’ encuentro entre el Presidente del Gobierno de España y el pro golpista Torra -que dice actuar en el nombre del verdadero presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont- ambos políticos decidieron proceder a un previo intercambio de regalos.

Lo que estaba previsto en los acuerdos secretos de la moción de censura contra Rajoy y según los cuales Sánchez trasladaría a Cataluña a los presos preventivos del golpe de Estado catalán (lo que hecho está), y al País Vasco a los presos de ETA (lo que está en marcha).

Mientras, el PDeCAT, ERC y PNV votaban a favor, con las todas bendiciones de Podemos, del nuevo Consejo de RTVE integrado por consejeros de la izquierda y del nacionalismo soberanista. Los que representan a la flamante y nueva mayoría del Gobierno revolucionario (como el de López Obrador en México) de Pedro Sánchez.

Y todo ello para que no quede duda del vuelco de la tortilla española que Sánchez está proclamando 80 años después del fin de la Guerra Civil. La que por fin se superó con la Constitución de 1978 pactada por los grandes políticos de la Transición (Suárez, González, Carrillo, Fraga, Arzallus y Pujol) en pos de la Reconciliación Nacional. Lo que Sánchez ha decidido borrar por su cuenta, y tras la senda del inefable ZP, reescribiendo la Historia de España en un trocito de papel.

Y para que ningún cabo de su revolucionario proceder quede suelto y al grito de ‘OTAN no y Bases fuera’, Sánchez le ha anunciado por escrito al presidente USA Donald Trump, en respuesta a una misiva del mandatario americano, que España no aportará más dinero a la Alianza Atlántica como lo había prometido el Gobierno de Rajoy.

Finalmente, Sánchez en aras de la solidaridad internacional anunció a los cuatro vientos que España sería desde ahora tierra de acogida y prometida para todos los desamparados que naveguen por el mar Mediterráneo en buques de ONGS o en pateras marroquíes, como se está demostrando.

Y no sabemos si el próximo 18 de julio, o unos días después para no alterar el Congreso del PP, puede que Sánchez emita un bando en el que se diga: ‘En el día de hoy cautivo y desarmado el Ejército Nacional, han alcanzado las tropas Rojas todos sus objetivos militares. La guerra ha terminado’.

Y acto seguido el presidente Sánchez, con gafas de sol, su familia en pleno y la perrita Turca, embarcarán en el helicóptero Puma de La Moncloa rumbo al palacete del Coto Doñana donde se irán de vacaciones y a descansar en su ‘III Mes triunfal’.