El misterio de Pedro Sánchez

La cuestión que se plantea es la de saber si Pedro Sánchez era un tonto de la política antes de llegar a la Moncloa o un listo superviviente que hizo honor al lema heráldico de Camilo José Cela de ‘el que resiste gana’. Pero muy pronto vamos a desvelar esa incógnita porque Sánchez parece tener mucha prisa en tomar decisiones urgentes (sobre presos de ETA y del procés) y puede que con ello llene las calles de protesta en un santiamén.

Ese señor que se sube acompañado de fotógrafos que lo publicitan y con gafas de sol en el helicóptero y el avión de la presidencia del Gobierno es el mismísimo Pedro Sánchez que hace tan solo unas semanas era el primer dirigente del PSOE, sin escaño en el Parlamento y dirigiendo un partido con problemas internos, superado por Cs y PP en las encuestas y con Podemos acercándose por la espalda.

Pero hete aquí que la sentencia de Gurtel, una moción de censura y la fuga de Rajoy convirtieron a Sánchez en el presidente del Gobierno y ya está el hombre luciendo palmito en el Eliseo con Macron y la cancillería con Merkel y pronto verá a Trump en la OTAN. Y le temen los banqueros y empresarios y se postula como el conciliador catalán y defensor de pobres, niños y desamparados y de la igualdad en su Consejo de Ministras y amo de RTVE, y otras cosas en un abrir y cerrar de ojos.

Sin duda el halo del poder engrandece a quien lo tiene y el hábito hace al monje o al mismísimo Pontífice, que hasta el momento de su elección digital por el Espíritu Santo era un obispo más, un pastor del rebaño del Señor.

Pero como le decían los aurigas a los generales romanos que recibían en Roma la corona de laurel y los vítores del pueblo por sus victorias, ‘no te olvides que solo eres un hombre’. Y el presidente Sánchez no debería de olvidar que, con o sin gafas de sol, sigue siendo Pedro Sánchez.

Eso sí, es el renacido en un infierno de la conspiración interna del PSOE del 1-O en el comité federal y de los poderes fácticos del país en su contra para lograr la investidura de Rajoy con la abstención de pactada con la Gestora del PSOE tras la caída del ángel oscuro y plurinacional de los socialistas de hace apenas un año y medio.

Pero que se ande con ojo el presidente Sánchez porque el aparato público y oculto del poder del Estado, que es mucho, lo vigila. Y si pisa las rayas rojas de la Constitución y las que marcan los ‘caballeros de la cama redonda’ del fáctico poder económico o las patriotas de la unidad nacional, alguien desde las alturas, o desde las bases nacionales y populares españolas que han reaparecido gracias a Puigdemont y al desafío catalán, le sacará tarjeta roja y entonces el Falcon del presidente se convertirá en calabaza y Pedro volvería a ser solamente Sánchez y todo lo demás habría quedado en un bonito sueño con un duro despertar.

¿A qué vienen tantas prisas para acercar los presos? Pues a que hubo pactos secretos en la moción de censura y para aprovechar el vacío en el liderazgo del PP y el despiste de Cs. Pero esos movimientos urgentes y en la  oscuridad pueden dañar el despegue de Sánchez en el Falcón presidencial y entonces se sabrá si era listo o tonto antes de progresar.