Pedro Sánchez y el Dalai Lama catalán

Este jueves se inician los debates que sobre ‘el buen gobierno’ convocó Pedro Sánchez en el seno de su partido, el PSOE, con la intención de ofrecer una imagen de cohesión, que lamentablemente no aparecerá porque no van a estar los líderes de Andalucía, Valencia y Asturias, ni González ni tampoco Rubalcaba y a Borrell lo pilla de viaje e Iceta como si no estuviera porque siempre va a su aire como Susana, Ximo y Fernández.

O sea la venganza de los ‘chinitos’ o de los barones a los que Sánchez les ha cortado las alas de su poder regional y luego les ha pedido que arrimen el hombro para una foto impostada que no saldrá.

Al final quedará la idea del PSOE ‘plurinacional’, o de los siete taifas, y eso no permite hablar de un ‘buen gobierno’ porque en esas condiciones Pedro Sánchez nunca llegará a alcanzar el gobierno de la nación, se ponga como se ponga de lacitos y bufandas. Y si pierde por tercera vez las elecciones en ese caso se habrá acabado para siempre su liderazgo en el PSOE.

Debería Sánchez haber escuchado con suma atención a Josep Borrell en sus mítines españolistas de Barcelona, en lugar de tanto baile con Iceta (el de los ‘presos políticos’) y haber prestado más atención a amigo Josep cuando le susurraba al oído ideas de primer nivel, como un Cyrano de Bergerac que socorría a su amigo enamorado bajo el balcón del poder.

Pero Pedro, cuyo meritorio regreso a la secretaría general nadie discute, no ve ni escucha más allá de sus narices y no acierta a entender por qué baja el PSOE en las encuestas mientras se hunde el PP. Aunque él considera que el IPC para los pensionistas que su partido pregona y la rebelión feminista -si además pacta con el PP más dinero para las autonomías- le van a permitir un ‘rebote’ en las encuestas y salir del agujero en el que están.

Pero si las elecciones son en 2020 como quiere Rajoy estas manifestaciones de ahora ya veremos dónde están en esa fecha, y además sabido es que el votante de la derecha vota más por ideología que por la cartera o el corazón.

En suma Sánchez necesita a Borrell como el comer, aunque se entiende que el catalán esté cansado de la política española y catalana y prefiera, como un casi Dalai Lama que es, refugiarse en sus tibetanos Pirineos a respirar el aire puro y descansar, mientras don Pedro reflexiona sobre su proyecto y su programa que, al día de hoy, es imposible de descifrar.

Y bien haría Pedro Sánchez en reflexionar sobre sus Españas variadas y leer el buen artículo que sobre la socialdemocracia europea y la caída de Renzi en Italia ha publicado en este diario Borrell. Y más adelante y con la ayuda de Pepe Oneto (y si él quiere) nos gustaría contarle un cuento, o un sueño, que creemos que sería de su interés.