Rajoy está mayor

El Rey cumple hoy 50 años y Manuel Alcántara 90 primaveras. Al monarca le cuesta sonreír y motivos tiene para estar tan serio, y Manolo no se ríe mucho porque está pensando pero de sus artículos mana un torrente de sonrisas y el placer de escuchar sus versos en prosa y ver levantada una pirámide colosal a partir de una pequeña nota de actualidad, un detalle, un grano de la arena que rodea la impresionante esfinge de Gizeh.

La política española no da juego ni para la literatura ni para la poesía. A lo más para una tragicomedia al estilo de La Venganza de Mendo y poco más.

Y mucho menos para la épica porque el protagonista, Mariano Rajoy, que ahora inunda con sus entrevistas las radios españolas para ver si recupera apoyo electoral, es el Don Tancredo de la Moncloa de cara pálida que no se mueve y disimula para que no lo descubra el morlaco negro aflequillado que deambula por el Ruedo Ibérico y que se llama Puigdemont.

Desde el burladero los pocos de su entorno que se atreven a decirle algo le gritan: ‘ánimo Mariano, al toro, que es un ratón’. Pero él no se mueve, y casi ni siquiera pestañea no vaya a ser que al menor desliz le cueste una corná. Y ahora su médico de cabecera demoscópica que es Arriola le ha debido decir  que tiene que salir más en la radio y en la televisión porque Albert Rivera le está comiendo el electorado y moviendo el sillón.

Creen los expertos electorales y asesores palaciegos que este Gobierno que triunfa en la economía se hunde en las encuestas porque le falla la política de comunicación, pero se equivocan. Y esa es la misma excusa que utilizan en el Gobierno y en el PP y por eso Méndez Vigo -el arte de no decir nada- se fue a La Sexta TV y Rajoy va de radio en radio como la ‘falsa monea’ iba de mano en mano, pero sin dar un titular.

No es un problema de comunicación sino de agotamiento del combustible. Rajoy está viejo y aunque corra y se pinte el pelo sigue siendo Papá Pitufo, y además no dice una verdad por nada del mundo y se le escapan a chorros de los bolsillos los ‘bitcoins’ de las comisiones de Gürtel que negociaba El Bigotes, con gran desparpajo y a la sombra del catolicón Cotino y Camps ‘el curita’ para vaciar hasta los cepillos de la visita del Papa a Valencia.

Además hay que ser preciso: Rajoy no ganó las elecciones sino que se las regaló Zapatero en 2011. Y en 2015 le regaló el poder Pablito Iglesias al no apoyar la investidura de Sánchez. Y en 2016 le regaló la investidura Susana Díaz con la abstención del PSOE en su investidura. Esa es la verdad.

Pero Mariano quiere seguir en la Moncloa y en el cajón de don Tancredo y está a la espera de una nueva oportunidad. De ese toro negro, huidizo y remolón que se llama Puigdemont que le dio una oportunidad de triunfo en el otoño de 2017 pero Mariano, lejos de lucirse, sufrió más de un revolcón.

Sin embargo Puigdemont parece que vuelve a las andadas y si pone las patas en el albero de la Monumental de Barcelona don Mariano tendrá su segunda y última oportunidad. Aunque no parece que el morlaco catalán quiera venir a España y al final será la presidencia del TC la que mande el bicho a los corrales porque de manera telemática no se puede torear, y eso que Rajoy había sido el rey del plasma un tiempo atrás.