Maduro se equivoca, ahora necesita a los embajadores

Las últimas sanciones acordadas con el Consejo de Ministros de la UE en defensa de la libertad y de la democracia en Venezuela, y en contra de altos dirigentes del régimen venezolano de Nicolás Maduro, han provocado la ira del primer mandatario venezolano el presidente Nicolás Maduro, que decidió expulsar de Caracas al embajador de España Jesús Silva Fernández, por lo que considera ‘agresiones e injerencias internas’ del diplomático español.

La decisión del presidente venezolano, que llamó a consultas a su propio embajador en Madrid, fue acompañada de insultos y descalificaciones al presidente Rajoy y España. Y todo ello deja en una imposible posición al expresidente Rodríguez Zapatero que estaba mediando en Caracas entre el Gobierno y la Oposición venezolana, y que en las actuales circunstancias no podrá continuar su labor.

Es cierto que Maduro ya está en campaña electoral para participar el mes de marzo en las elecciones presidenciales que acaba de convocar, y que este tipo de incidentes los utiliza como palanca de propaganda y para decir, en este caso, que el país culpable de las decisiones punitivas de la UE contra dirigentes venezolanos es España y que eso Rajoy lo hace por encargo del presidente Trump, lo que no es verdad.

Lo cierto es que Maduro ve dividida y debilitada a la oposición venezolana y por ello convoca elecciones para renovar su mandato, porque la crisis de la economía venezolana (con inflación del 13.000 % y carencia de muchos de los alimentos, medicinas y productos de primera necesidad), mientras crece la inseguridad ciudadana, está provocando una situación tensa y explosiva en la población venezolana.

Y es, precisamente, el pueblo venezolano el que merece la colaboración y ayuda de las naciones democráticas y España ahí incluida, y todo ello por encima de los regímenes y las altas tensiones políticas de sus dirigentes.

Los españoles sabemos cómo nos ayudó Argentina después de nuestra feroz Guerra Civil. Y los gobernantes deben saber que, en el tiempo de crisis internacional o bilateral, los embajadores son más imprescindibles para dejar abierta una puerta al diálogo.

De lo contrario algunos corren el riesgo de quedar aislados y Maduro debe saber que hay una distancia enorme y posiciones contradictorias entre Donald Trump y la Unión Europea (España incluida), por lo que los puentes que ahora rompe cuando antes los debe recomponer por el bien del pueblo de Venezuela, lo que también interesa a España y a la UE.