Fanáticos razonables

Una excelente viñeta de Andrés Rábago, El Roto, publicada hace pocos días en el diario El País dice mucho, o casi todo, sobre la hipocresía y doblez de los peores soberanistas catalanes.

Esos aparentes ‘biempensantes’ de pacotilla que hablan bajito y que se llenan la boca de vocablos como ‘diálogo’ o ‘negociación’. Los que nunca llaman delincuentes a los flagrantes delincuentes, los que lloran por sus ‘presos políticos’, y los que ocultan y no denuncian alto y claro mentiras como puños y fascistadas como la de utilizar a los niños en las huelgas, colegios electorales, adoctrinamientos repugnantes o con reprimendas en los colegios si son hijos de miembros de la Guardia Civil.

Dice El Roto con su dama de mirada azul: ‘Los peores fanáticos son los fanáticos que parecen razonables’. Escuchen a Junqueras diciendo al juez que él es ‘un hombre de paz’, que son ‘buena gente’. Lean con cuidado a soberanistas camuflados -Juliana o Ramoneda- de derecha a izquierda, para los que el Estado de Derecho no es lo fundamental sino eso que ellos llaman la ‘política’ adaptada a su particular visión de la realidad.

Sobre todo una vez que dan la impresión que lo importante en esta crisis catalana no es ni mucho menos la Ley y el orden constitucional. No, nada de eso, lo importante es que hay un ‘problema político’ dicen ellos sin mirar que ese problema ahora tiene como cuestión previa el Código Penal’.

‘Hay que buscar soluciones negociadas e imaginativas’, dicen algunos de esos ‘fanáticos razonables’ dando a entender que el Estado debe renunciar a la Ley y sentarse a hablar con delincuentes, o con quienes los amparan y protegen con su lacito amarillo con el que se presenta a los golpistas como víctimas de España.

A unos golpistas cobardes y escurridizos que no han tenido la gallardía de decir: ‘sí, yo fui, yo violenté el Estatuto, el reglamento del Parlament, la Ley, la Constitución, desobedecí al TC y voté y luego declaré la independencia de Cataluña’.

No, nada de eso, ellos pasaban por casualidad por allí, no usaron fondos públicos, lo de violar la legalidad no es así porque entonces había ‘dos legalidades’ (sic), y aquello de la declaración de independencia no fue tanto, solo fue una ‘declaración virtual’, o política y sin consecuencias, etcétera.

Y unos huidos en Bélgica y otros consternados en prisión a ver si logran engañar al juez Llarena y los deja salir un rato a votar en el Parlament del que ellos mismos se mofaron para refugiarse en la Cámara ‘inviolable’ o escapar con Puigdemont.

Con los ‘fanáticos razonables’, que son muchos en Cataluña y no sólo en el periodismo sino sobre todo en el mundo económico, cultural y empresarial, solo se debería hablar de legalidad. Porque sin Ley no hay Democracia y a partir de ahí solo queda la fuerza y la Ley de la selva. Y lo demás son ganas de perder el tiempo y de dejarse enredar.