Terrorismo de género

Puede que haya sido la Reina Letizia quien ha sugerido al Rey Felipe VI su destacada y contundente alusión a la lucha contra la violencia de género en España. La que en 2017 ha provocado un ingente número de víctimas -y en este fin de año escalofriantes y criminales agresiones como la de Azuqueca,  lo que nos permite hablar de ‘terrorismo de género’ por su mortífera, dañina y premeditada perversión.

Lo del acoso de artistas en Hollywood y en otros centros de poder, siendo importante, es un asunto difícil de comparar con los crímenes que ocurren en España, en el ámbito de las familias o las parejas y con niños muertos o con niños que presencian los asesinatos de sus padres.

Pero está claro que las medidas preventivas no son suficientes, y que las reformas del Código Penal tampoco resultan disuasorias cuando el odio o el criminal en potencia decide matar y luego suicidarse o pasar el resto de su vida en prisión.

¿Qué más se puede hacer? ¿Qué incita y fomenta el odio criminal imparable y cómo se puede prevenir y evitar? ¿Se puede regular legalmente la vida en la pareja, con o sin matrimonio, de manera que se pueda educar al potencial agresor? ¿Acaso no conviene incluir este problema en la enseñanza primaria y en los estudios de la universidad?

Es verdad que mucho se ha avanzado en vigilancia y prevención, pero está claro que los crímenes y abusos -el repugnante espectáculo de ‘La Manada’ sevillana habla por sí solo- continúan y que además de la maldad y de la brutalidad existe un extraño punto de locura criminal, que no se frena ante nada ni ante nadie, y que se debería investigar.

En realidad hay que estudiar todos los casos -los criminales se imitan los unos a los otros- y buscar respuestas y acciones preventivas de urgencia y un mayor marcaje policial y judicial al potencial agresor. Hay que encontrar algo nuevo y decisivo que frene esta avalancha de violencia de género que ya está en el campo del terror.