Zarzalejos se va de La Vanguardia

El prestigioso periodista José Antonio Zarzalejos ha abandonado las páginas de análisis y opinión del diario La Vanguardia y ha optado -para sus artículos catalanes- por la oferta que le ha hecho El Periódico de Cataluña.

Lo que constituye una pérdida importante para el diario pro soberanista del Conde de Godó donde Zarzalejos mantenía, casi en solitario y frente a la gran mayoría de analistas secesionistas del rotativo, posiciones españolas, constitucionales y democráticas muy bien escritas y política y jurídicamente apuntaladas.

Algo que empieza a ser excepcional en la prensa ‘nacional-soberanista’ catalana (la del ‘Movimiento Nacional’, como la llamó Gregorio Morán en La Vanguardia, lo que provocó el inmediato y fulminante cese de Morán sin más explicaciones -la nobleza pierde a veces los modales- por burofax.

Ha hecho bien Zarzalejos en salir del diario del Conde que ha perdido a su ‘rehén’ o a su mejor coartada -el resto de sus colaboradores de Madrid es post franquismo puro o personajes sin cualificación- con la que pretendía un cierto pluralismo frente las ‘falanges’ opinadoras y sectarias que abanderan Pilar Rahola y los amigos de Artur Mas en apoyo al soberanismo. Lo que el diario intenta amortiguar con paños calientes y cataplasmas diciendo, casi como máximo argumento en la página editorial, que la economía va mal.

Pero la opinión soberanista prevalece y en destacados casos en contra de los más elementales principios de la democracia, la libertad y el Estado de Derecho. ¿Cuántas veces pidió La Vanguardia la dimisión a Puigdemont por mentir a los catalanes, violar la Ley, el Estatut, la Constitución, el reglamento del Parlament y las sentencias del Tribunal Constitucional, o por huir como un cobarde de Cataluña tras la declaración de independencia y el ingreso en prisión de sus compañeros?

Pero todo esto que es cierto le debe parecer insignificante al diario de Godó donde a Puigdemont deberían llamar sin recato ‘el delincuente’, como así lo acredita su condición de prófugo de la Justicia y al margen de los resultados electorales y de los otros serios y variados delitos que se le imputan.

No en vano en Cataluña y en su prensa del ‘Movimiento Nacional’ el primer problema imperante no es el secesionismo de los partidos soberanistas sino el ataque a la democracia y a las libertades, en línea con regímenes pasados de corte franquista, fascista y hasta nazi. Así se ha visto en incidentes o en  agresiones e insultos (como los que ha sufrido Arrimadas) y sobre los que se ha pasado de largo a pesar de la gravedad de muchos de ellos.

Y qué decir de los relativos a uso y maltrato de niños: a los hijos de Guardias Civiles y tras el 1-O, unos profesores en clase les dijeron que sus padres eran asesinos; hay libros de texto contra España; se utilizaron niños para bloquear carreteras en las huelgas generales; los hicieron pernoctar en los colegios electorales en vísperas del 1-O; en TV 3 si hicieron programas para niños hablándoles de ‘los presos políticos’… ¿Acaso esto no es fascismo?

Además el pluralismo informativo en la opinión de un medio democrático nunca puede articularse equiparando a quienes viven en la democracia y los que están fuera de la Ley. Las diferencias políticas e ideológicas no pueden amparar a delincuentes y sus publicistas como parte del escenario habitual.

Creo que Zarzalejos hizo bien en marcharse de La Vanguardia donde solía ser utilizado como un ‘rehén’. Y de su marcha el que más se alegrará -y el que no hizo nada por retenerlo- es el taimado Enric Juliana que tenía celos profesionales y democráticos de José Antonio porque los escritos del vasco dejaban al catalán en la evidencia de la mal disimulada pasión soberanista de Juliana al que la careta de presunto equidistante le queda muy pequeña y no lo deja disimular. Pero vamos a ver ¿es o no un delincuente el prófugo Puigdemont?

(Escrito en Cipriani, 5 Av. N.Y.)