Llega la lotería

Las elecciones catalanas son el sorteo previo a la gran fiesta de la Lotería de Navidad en la que muchos españoles tienen puestas sus esperanzas y sus  sueños para salir de la crisis, comprarse una casa, un coche, pagar los estudios de sus hijos y viajar.

La gran mayoría compra un décimo y lo guarda como un tesoro a la espera del milagro del día 22, que será el momento de negociar de los pactos de gobierno en Cataluña si es que el reparto de escaños permite algún tipo de combinación, o si algunos  protagonistas de uno o dos de los bandos -los constitucionales y los soberanistas- decide salir de su intransigencia y pasar el río hacia la otra orilla aunque le llamen traidor.

En la lotería de Navidad entran en juego toda clase de supercherías desde los números de la terminación, hasta la fecha de nacimiento, y en este año prima la terminación en 155 que en pocas semanas se agotó.

Los hay que tienen preferencias por loteros especiales como La Bruja de Sort que se tuvo que marchar de Cataluña por culpa del ‘procés’, o por ‘Doña Manolita’ en Madrid donde hay colas de más de dos horas y dónde este año han aparecido decenas de chinos (que son jugones) comprando décimos a granel, imaginamos que también para mandarlos a su país.

Muchos ciudadanos compran décimos en su trabajo, en la lotería del barrio, en el bar de la esquina, en su equipo de fútbol, en la peluquería, la frutería, el  pescadero o el carnicero, no vaya a ser que les toque ahí donde pasas casi todos días y la suerte se escape ante tus narices y a pesar de que estuviste cerca.

Hay coleccionistas de décimos que compran de manera compulsiva todo lo que ven y les ofrecen y luego se pasan horas comprobando la lista oficial a ver si cazaron algún premio importante o al menos alguno de los décimos tiene la pedrea o una terminación.

Y hay otros de los jugadores que solo juegan un número pero con fuerte inversión y con el argumento de que el gordo solo le toca a uno y que si llega esa oportunidad habrá que aprovecharla con un buen pelotazo y con intensidad, porque se dicen que con un décimo solo pagas las deudas y que si te toca debe ser para que te cambie la vida de verdad.

Las personas de buen talante quieren que el Gordo esté muy repartido y que caiga en los lugares más necesitados. Y los blanqueadores de dinero negro quieren comprar décimos premiados pagando más de lo que valen para poder aflorar ese dinero que tenían oculto, mientras los bancos buscan en las barriadas premiadas a los vecinos con éxito para que dejen el premio en su entidad y los loteros premiados y sus clientes festejan las buenas noticias con sidra, cava o champaña.

La lotería de Navidad es una fiesta tradicional en España que, vía internet, ha desbordado nuestras fronteras y a la que el insaciable ministro Montoro le ha dado un tajo del 20% que es una barbaridad. Pero eso es lo que hay y lo que mañana pasará. De manera que mucha suerte a todos y a esperar.