Rajoy, el caminante catalán

El Presidente Rajoy produce a menudo sensaciones contradictorias. En la crisis catalana, por decirlo suavemente, no estuvo fino porque llegó tarde al 155, no impidió el referéndum del 1-O como prometió, y convocó estas elecciones del 21-D demasiado pronto. Lo que indiscutiblemente tendrá malas consecuencias para el PP. Él lo sabe y por eso se ha esforzado en viajar una y otra vez a Cataluña en apoyo del gigante Albiol a quien Doña Inés Arrimadas le está vaciando de votos el zurrón.

Y ahí va don Mariano en el despertar de Barcelona bajo un sol naciente y dorado haciendo marcha por la playa y el puerto de Barcelona, braceando como un gastador y con una ropa deportiva más arregladita que aquella que lució el pasado verano por los montes de Pontevedra, cuando más bien parecía un mendigo que un presidente del gobierno.

Pero hete aquí que su fiel Carmen Martínez Castro (ahora que Moragas anda conspirando en la sucesión de Rajoy) se ocupó -a petición nuestra- de buscar a don Mariano una ropa deportiva de cierta calidad, y así deambuló el Presidente por las orillas de Barcelona al amanecer haciendo un último esfuerzo para ayudar al gigante Albiol, que a buen seguro habría sido un excelente pívot en los San Antonio Spurs en compañía de Pau Gasol.

Un Albiol que en los últimos debates de candidatos estuvo más incisivo que sus contrincantes batiéndose el cobre contra su destino que se anuncia fatal para el PP catalán por culpa de la ambiciosa Soraya, a la que le tomaron el pelo el poder económico catalán y el mismísimo Junqueras diciéndole que nada iba a pasar; y por culpa también de los hermanos Fernández que son dos antiguallas que el PP debería extirpar de su aparato catalán.

Convocar elecciones mientras se aplica el 155 (con la boca.chica) y cuando la Justicia encarcela a los golpistas y persigue a los prófugos, eso va a tener malos efectos electorales para el PP, y qué le vamos a hacer.

Y por eso don Mariano corre y bracea contra corriente, sabedor como es él de los errores cometidos y especialmente en la comunicación por lo que se espera que en la copa de Navidad de Moncloa Martínez Castro anuncie su dimisión y su entrada en un convento de clausura para expiar sus errores y discriminaciones en el campo de la libertad de expresión.

Cree Rajoy que el tiempo lo cura todo y que el fracaso inducido de Albiol pasará y que nada nuevo ocurrirá en la política nacional. Pero puede que el Presidente se equivoque porque está entrando en el tiempo y en el país de ‘nunca jamas’ donde Arrimadas hace de Campanilla y Rivera de Peter Pan.