¡Oh Jerusalén!

Cada vez que en Washington se estrecha el cerco sobre Donald Trump a propósito del Rusiagate el presidente de los Estados Unidos se saca un conflicto bélico de la manga y amenaza con poner patas arriba la paz mundial. Unas veces amenaza a Venezuela, otras a Corea del Norte y ahora acaba de desenterrar el hacha de guerra en el Oriente Próximo anunciando que Washington va a trasladar su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.

El presidente de Francia, Enmanuel Macron, y otros líderes occidentales le pidieron a Trump que no diera ese paso porque ello supondría liquidar a Jerusalén como la capital mundial de las tres religiones (judía, cristiana y musulmana) para ubicarla bajo el solo control -que políticamente lo tiene- de Israel.

Lo que echa por tierra cualquier negociación de paz en la zona una vez que esas conversaciones están basadas en el reconocimiento de los Estados de Israel y Palestina, con fronteras reconocidas y justas y con la autonomía y la neutralidad de Jerusalén.

¿A cuento de qué y para qué da Trump ese paso? Pues porque el que fuera su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn acaba de reconocer que mintió al FBI durante la investigación oficial que se abrió sobre la colaboración rusa en la campaña electoral de Trump. El presidente cesó a finales de enero a Flynn pero éste se enfrenta a delitos que lo pueden llevar a la cárcel y da la impresión de que para salvarse está dispuesto a contar todo lo que sabe en relación al Rusiagate y eso tiene de los nervios a Trump.

El que, cuando tiene problemas internos, suele buscar refugio en la política internacional. Pero en este caso Trump está jugando con fuego real porque el ‘estatus’ de Jerusalén es una pieza fundamental para la paz en Oriente Próximo y para la búsqueda de un acuerdo final entre árabes y judíos.

Pero eso a Donald Trump ni le importa ni le interesa, más bien al contrario le conviene para llamar la atención y conseguir que los medios americanos e internacionales se ocupen de otras cuestiones ajenas al Rusiagate como el estatus de a Jerusalén. Y de paso para que el caso Flynn no le enturbie a Trump su reciente triunfo político por haber logrado aprobar en el Congreso su llamativa reforma y rebaja fiscal.

El anuncio del traslado de la embajada USA en Israel a Jerusalén ya ha sido calificado en medios occidentales de prestigio como la ‘mayor catástrofe’ de los últimos años en Oriente Próximo, y  como el principio del fin de cualquier esperanza de negociación y de paz. Y mal haría Israel si se aprovecha de esta situación porque semejante paso de Trump no lo sería hacia delante sino más bien hacia atrás.