Un Chiquito muy grande

Se nos ha ido al cielo a los 85 años ese ‘fistro’ tan simpático y entrañable que era Chiquito de la Calzada (Gregorio Sánchez, se llamaba). Un cómico genial y encantador que llenó de sonrisas este país hoy marcado por la tensión y el desencuentro político, territorial y social donde apenas hay un resquicio para la sonrisa.

Como las que Chiquito -que nunca se metió en política- causaba a raudales con su peculiar lenguaje, sus andares arrastrando los pies y su deje andaluz y flamenco porque, antes de contar chistes e historias surrealistas que el se inventaba, Chiquito fue cantaor de flamenco y anduvo por tablaos y fiestas ganándose la vida modestamente con su encantadora sonrisa y sencillez.

La muerte de Chiquito ha sido sentida en toda España y se ha convertido en una noticia de alcance nacional porque el personaje era muy querido y con solo verlo caminar, mirar de reojo y sonreír desataba la alegría del absurdo discurso con el que solía adornar sus chistes generalmente llegados del sur de España.

Se nos ha apagado una sonrisa genial cuando más falta nos hacía en este país donde la locura y la mentira del secesionismo catalán parece llegar a su merecido final tras la estela del odio que han sembrado y que ahora y dentro de un par de años van a recoger en los tribunales porque se han saltado a la torera la Ley.

Chiquito, ese ‘pecador de la pradera’ era todo lo contrario, el antídoto del odio y un humorista trasversal que hacía reír a niños y mayores y que creó su estilo propio que muchos han querido imitar. El mundo del espectáculo y del cine, donde también ‘toreo’ rinde un merecido homenaje a este artista y entrañable personaje que en los anales de muchas televisiones y las redes sociales perdurará. ‘Hasta luego Lucas’ podría ser su epitafio porque a buen seguro que él creía en el más allá.