El Papa Francisco no habla de España

Llueve (piove) en Roma ‘¡porco governo!’ se dice en la capital de Italia donde el espectáculo asombroso de la crisis catalana no llama la atención como en otros países de la Unión Europea porque la política italiana es mucho más divertida, está plagada de sobresaltos y no necesita incentivos externos.

Ahora las recientes elecciones regionales de Sicilia confirman el ascenso imparable del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo y su nuevo candidato a la presidencia del Gobierno, el joven Luigi di Maio. Un ambicioso joven que disputa el liderazgo a Matteo Renzi del PD, que lleva el nombre (escrito de otra manera) del legendario héroe del beisbol americano Joe DiMaggio y ex esposo de Marilyn Monroe. Un Di Maio astuto y osado -aunque sin mucha consistencia- que, para despreciar a Renzi, se mete en la charca del viejo cocodrilo de la política italiana Silvio Berlusconi con el que prefiere debatir.

En Roma otra noticia ha sacudido la capital: el Papa Francisco ha prohibido vender tabaco en el Vaticano, ¡vaya por Dios! El Santo Padre argentino tiene buenos modales, hace pequeñas reformas pero sigue sin hacer la revolución que tanto necesita la Iglesia para acercarse a la verdad y la realidad (como el matrimonio de los sacerdotes, la vida sexual sin pecado, la marginación de la mujer, etcétera).

En Italia y a pesar de la gran influencia del Vaticano, la separación real del Estado laico de la Iglesia es, en la vida cotidiana, más efectiva que en otros países como España donde la vieja Conferencia Episcopal está llena de carcamales (Rouco, Cañizares y Blazquez…) que ahora se nos hicieron proclives a la independencia de Cataluña y enemigos de la unidad de España con un infame comunicado donde hablaba de ‘derechos de los pueblos’ de España.

Los que no pueden ser otros que los del conjunto de los españoles que escritos están en la Constitución Española de 1978, y que nada tienen que ver con las conspiraciones antidemocráticas de los obispos catalanes que emanan de las capillas retrógradas y enemigas de España de la Abadía de Monserrat.

Y ¿qué ha dicho el Papa Francisco sobre todo esto? Nada, veladas y muy esquivas palabras lo que indignado a la comunidad católica española e incluso al Gobierno conservador del PP. Es extraño que este Papa no haya anunciado un viaje a España y que no haya defendido en público la unidad de España y el obligado respeto a la Ley y la Constitución sobre la que hacen malévolas interpretaciones sus obispos españoles.

Es verdad que los problemas y escándalos del Vaticano aún no acabaron y que, de vez en cuando, algún cuervo ha sobrevolado la plaza De San Pedro. Pero si el Papa Francisco se olvida de España esa es muy mala señal y una prueba de la debilidad de su liderazgo por más que tenga buena intención. Y si continúa por ese camino sin compromisos de firmeza su papado quedará como un simple paréntesis entre los vuelos cruzados de las palomas y los halcones (a veces negros cuervos) que siempre marcaron la vida papal.