El Gobierno no informa y daña la imagen de España

El estrepitoso fracaso informativo y la ausencia flagrante de una política de comunicación por parte del Gobierno de España en relación con la crisis catalana está causando un enorme daño y desprestigio a España, como consecuencia de dos hechos asombrosos: la negativa del Gobierno a dar información y respuesta inmediata a las agresiones y la propaganda de los golpistas; y a la incapacidad política y profesional del Ministro Portavoz y la Secretaría de Estado de comunicación que depende del presidente Rajoy.

Cuando Puigdemont convocó el pasado martes una multitudinaria rueda de prensa en Bruselas a nadie del Gobierno de España se le ocurrió entregar a los periodistas que acudían a la convocatoria un breve informe (traducido en varios idiomas) sobre los delitos cometidos por Puigdemont y su govern. Ni ningún mandatario español convocó, en el centro de prensa internacional de Bruselas, otra rueda de prensa para responder las mentiras de Puigdemont y denunciar con detalle los delitos perpetrados por el político catalán.

Tampoco se movilizó nadie en Bruselas cuando la televisión oficial belga (que suelen ver los eurócratas residentes en Bélgica) anunció el viernes a medio día que esa noche emitiría una entrevista en exclusiva con el prófugo Puigdemont, quien volvió a insultar a España y a dar su versión falseada de lo que ocurría en Cataluña.

Tampoco hubo respuesta española al artículo de Junqueras en el diario The New York Times, que apoya a los golpistas catalanes sin que nadie informe a ese diario de sus errores y manipulaciones, o le pregunten sobre qué es lo que ocurriría en los EE.UU. si Florida se declara República Independiente al margen de la Constitución USA y de su propia legalidad regional.

Y este caso del NYT o de la televisión belga se ha reproducido en la BBC y otros importantes medios de comunicación europeos sin respuesta oficial  alguna. Y especialmente desde el inicio del proceso secesionista el pasado día 6 de septiembre o durante la celebración del referéndum del 1-O, donde la ausencia de portavoces e información del Gobierno fue clamorosa y contrastaba con la información minuto a minuto de los golpistas instalados en el centro de prensa que el empresario Roures les montó en Barcelona para atender y dar facilidades a la prensa internacional.

La gravedad de la situación catalana y española puede traspasar nuestras fronteras e incluso confundir a los gobiernos democráticos de la UE ante la información unilateral que les llega y la no menos incapacidad política del Ministro de Exteriores, Dastis, que desconoce la política española, no sabe de comunicación y se expresa de manera confusa y con dificultad.

El desprecio a la información y a la comunicación no es nada nuevo en la política de Rajoy pero en este momento es algo fundamental para España y su proyección en Europa y en la escena internacional, porque este fracaso de la comunicación y el triunfo de la versión victimista de los golpistas nos hace un daño enorme y está afectando (ya empieza) a la economía del país.

Y especialmente a la de Cataluña donde más de la mitad de la población de esa región de España se siente aislada y acosada por la eficaz propaganda golpista sin que nadie en el Gobierno, ni tampoco en el PSOE, salvo Josep Borrell, se atreven a llamar golpistas y delincuentes a quienes lo son. Ni a responder a sus mentiras e insultos ni a defender la Constitución, la unidad de España y el Estado de Derecho que impera en nuestro país.

Pero ¿acaso no es bastante extraño y asombroso que en Madrid, capital de España, no exista un moderno e importante centro de prensa internacional y nacional?

Esta carencia viene de lejos y no es de la responsabilidad exclusiva de Rajoy, pero del Presidente del Gobierno se sabe que no tiene ningún apego a los medios de comunicación. Lo dejó muy claro cuando a finales de 2011 y tras ganar las elecciones convocó una rueda de prensa en Moncloa para presentar su nuevo Gobierno y llegó Rajoy, sacó un papel del bolsillo, leyó la lista de sus Ministros y sin hacer el menor comentario ni admitir una sola pregunta el Presidente se marchó.