La Forcadell no para de llorar

Ahora va llorando Forcadell por las esquinas del Parlament en las que tanto ella se había reído de los demás y de la Justicia, porque teme que dentro de pocos días el Tribunal Supremo la mande a prisión en compañía de varios de sus compañeros de la Mesa de la Cámara que, como ella, también violaron la legalidad, el Estatuto y la Constitución.

Los delitos que el fiscal del Estado puede imputar a Carme Forcadell ante el Tribunal Supremo son los mismos ya imputados en la Audiencia Nacional a Junqueras y sus ex consejeros (rebelión, sedición y malversación), con dos agravantes: la independencia de Cataluña se declara en el Parlament que ella presidía violando la legalidad; y en el acto de flagrante sedición golpista Forcadell colaboró dando mítines en las calles para jalear ‘tumultos’ en favor del golpe de Estado.

Ahora llora la Forcadell de reiterada manera pero sin recordar sus recientes -de sólo unos días o semanas- actitudes muy chulescas y autoritarias en el Parlament. Cuando esta Forcadell destrozaba el reglamento de la Cámara, impedía a la Oposición ejercer sus derechos de réplica y de enmienda, y les permitía a ‘los suyos’ aprobar las leyes ilegales e inconstitucionales.

Las que previamente fueron suspendidas por el Tribunal Constitucional permitiendo la llorona Forcadell declarar la independencia de Cataluña con un porcentaje de votos inferior al necesario para aprobar la propia reforma del Estatuto.

Ahora llora que llora la Forcadell pero hasta hace poco se mofaba con su risa de la Ley liderando una en la presidencia del Parlament indecente, ilegal y desde el punto de vista democrático sencillamente repugnante. Ha violado la Ley, el Estatuto y la Constitución con desparpajo asombroso y sabiendo que su comportamiento era delictivo, y así se lo habían hecho saber el TC,  los Servicios Jurídicos del Parlament y el Consell de Garantías Estatutarias.

Pero a ella, la monja golpista, la legalidad, le importaba un pimiento. Y se mofaba de todos y convertía la tribuna del público del Parlament en un gallinero de fanáticos golpistas que jaleaban al bando secesionista de la Cámara y embarraban los discursos de la Oposición. Y además ella, esta Forcadell que ahora tanto llora, decidió cerrar durante varias semanas el Parlament para que la Oposición, arrinconada, ni siquiera pudiera ejercer su función de control al Govern.

La Forcadell, estaba encantada de violentar la vida democrática y destruir el Parlament, haciendo con la legalidad exactamente lo mismo que hacían Puigdemont, Junqueras y los ‘Jordis’ de la ANC -su cuna golpista- y de Ómnium. Porque ella estaba en la cúpula de la ‘Organización’ del golpe de Estado para la declaración de independencia de la que habla la juez Lamela en el auto que ha llevado a prisión a Junqueras y otros siete ex consejeros de Puigdemont. El mismo Puigdemont y sus cuatro compinches que viven a cuerpo de Rey en Bruselas mientras Junqueras y los suyos están en prisión.

Y ¿qué hizo la Forcadell cuando tras aplicarse el artículo 155 el presidente Rajoy disolvió el Parlament y convocó elecciones autonómicas el 21 de diciembre? Pues la Forcadell se achantó, se acobardó y se allanó ante la autoridad de Rajoy y admitió que el Parlament -semanas antes su cortijo- había sido disuelto. Y entonces empezó a lloriquear y fue a Madrid y pidió más días para declarar porque ninguno de los golpistas tuvo el honor y la gallardía de decir: es verdad, yo colaboré a declarar la independencia en el golpe de Estado catalán.

Nada de eso, unos escaparon a Bélgica como las ratas que huyen del barco que se hunde, los otros se han quedado mudos ante la juez negándose a declarar y camino de la cárcel y Forcadell, que está en capilla en espera de comparecer la semana próxima ante el Tribunal Supremo, no para de llorar. ¿Y la dignidad del cargo que todavía ostenta? La dignidad no existe en el vocabulario del golpismo catalán.