Urkullu juega con fuego

Si el lehendakari Íñigo Urkullu empieza a jugar con el fuego de Cataluña con críticas acerada a la aplicación del artículo 155 y a colocarse en contra de la legalidad, como lo ha hecho su homólogo Carles Puigdemont -y ni siquiera lo pretendió Juan José Ibarretxe- la fuga de bancos y empresas en el País Vasco a Madrid será fulminante y a una velocidad que ni Usain Bolt podría superar.

El llamado problema catalán pasó, en los días 6 y 7 de septiembre, de ser una cuestión política a ser un problema judicial y penal, porque en esos días en Cataluña sus gobernantes violaron el Estatuto, la Constitución y la Ley. Y se convirtieron en delincuentes y golpistas al pretender la destrucción del orden constitucional.

Y eso que es así de sencillo no lo entiende Urkullu. Y solo falta que en los días venideros -y ojalá que no lleguemos a ello- en Cataluña los sectores más radicales de ERC -que tan amigos son de Otegui- y la CUP se lancen por la vía de la violencia frente a la pretensión del Gobierno de España de restaurar la legalidad.

Y entonces Urkullu se acordará de los años de plomo de ETA y de sus discursos contra ‘el Estado opresor’, que es exactamente lo mismo que dicen ahora Puigdemont, Junqueras y sus socios de la CUP.

Entonces le preguntamos al lehendakari: ¿está usted o no a favor de la legalidad? Y si lo está ¿quiere decirnos que se debe hacer cuando alguien, político, militar, policía o miembro de la sociedad civil se saltan la Ley? Y si quienes actúan fuera de la Ley lo hacen de manera organizada para derrocar el orden constitucional como pasó el 23-F de 1981entonces, señor Urkullu, ¿qué se debe hacer? Y sobre la autodeterminación: ¿está usted a favor de un referéndum de independencia en Álava?

O todo esto dicho en su conjunto y de clara manera: ¿quiere usted señor Urkullu, que Euskadi salga de la UE, se vayan todos los bancos y las empresas vascas a Madrid y que el pastoreo se convierta en la primera industria del País Vasco? Un poco de seriedad y responsabilidad señor Urkullu porque además, en Euskadi, Bildu sigue siendo un polvorín que en cualquier momento puede volver a estallar.