Pablo Iglesias se quitó la máscara de Dorian Gray

Sabíamos que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, era un déspota en su partido donde ha llevado a cabo una feroz escabechina (Errejón, Pascual, Alegre, Bescansa, Jiménez, etc) para quedarse con el control absoluto de un partido que se deteriora a pasos agigantados. El que nada tiene que ver con una izquierda moderna y democrática como lo fueron el PCE e IU (partidos que ha destruido Iglesias con ayuda de Alberto Garzón) desde el inicio de la Transición.

Podemos, cómo se ha visto en la crisis catalana y de la mano autoritaria de Iglesias, se ha convertido en un partido contrario a la Democracia, el Estado de Derecho, la unidad de España, la Unión Europea y los intereses globales de la Izquierda solidaria e internacional.

Algo que sospechábamos cuando tras pedir Iglesias, el menor sin pudor, a Pedro Sánchez la vicepresidencia del Gobierno en vísperas de la pretendida investidura del líder del PSOE en marzo de 2016, pidió que le entregaran atado de pies y manos al Leviatán español, para manejar a placer el poder del Estado, jueces, fiscales, CNI y medios de comunicación.

Y todo ello al tiempo que proponía a Sánchez (para así destruir el PSOE) la formación de un gobierno ‘Frankenstein’ en compañía del clan secesionista catalán, hoy unos golpistas fracasados a los que también se les ha caído la máscara durante su caótico carnaval.

Al final, Iglesias traicionó a la izquierda votando contra la investidura de Sánchez y encumbrando a Rajoy en la presidencia del Gobierno. Y ahora apoya sin recato al golpista Puigdemont, ataca la Democracia, niega la soberanía nacional, insulta a la Justicia y coloca a Podemos fuera del marco constitucional y junto a los grupos anti sistema, como los de la CUP.

Como en la obra maestra de Oscar Willde, El retrato de Dorian Gray, este pintoresco y megalómano personaje que es Iglesias pretende aparentar su ‘eterna juventud’ política con ruidosas apariciones mediáticas y también con ridículos discursos en el Parlamento que él pretende como políticamente astutos y cultos (‘Limosna para el culto’, reza el cartel del cepillo en algunas Iglesias donde el monaguillo desvela su secreto: ‘el culto es el cura porque sabe latín’).

Lo cierto es que, como en el relato de Wilde, el verdadero rostro de Iglesias envejece y se deteriora en el cuadro que proyecta la verdadera imagen de su alma política y personal. Y cuando se vio reflejado en ese espejo se echó al monte despavorido para esconder su fealdad. Pero es tarde e inútil porque lo ha visto toda España haciendo el indio y disparatando en el circo catalán. Y eso le pasará a Podemos una importante factura en las citas electorales que pronto llegarán.