Requiebros en el Congreso

El debate que sobre Cataluña se celebró en el Congreso de los Diputados fue una caja de sorpresas donde hubo un poco de todo. Hasta el punto que Pablo Iglesias anunció que quiere tener dos hijos y todo el mundo miró a una Irene Montero arrebolada que se puso como un tomate. Iglesias se lleva a partir un pilón con Rajoy -a quien él hizo presidente al negarle a Sánchez la investidura- y siempre que sube a la tribuna empieza su discurso diciéndole a Rajoy: ‘en primer lugar, le agradezco el tono…’.

Iglesias estuvo suave como un guante porque había felicitado a Puigdemont por declarar la independencia y sabe muy bien que en las bases españolas de Podemos lo de la independencia de Cataluña no gusta nada. Además es la segunda vez que Iglesias le echa flores a Manuel Fraga y llama inculto a Adolfo Suárez, el que una vez le espetó a un adversario político que elogiaba la enciclopédica cultura de Fraga lo siguiente: ‘es verdad que don Manuel tiene muchas cosas en la cabeza pero ya no le cabe ninguna mas’.

Estaba tan manso el señor de la coleta que hasta elogió a Rafa Hernando, el cancerbero del PP, diciéndole a Rajoy que si siguen así podrán hacer juntos muchas cosas, aunque sin especificar cuáles. Sin embargo a quien ahora le tiene cogida manía Iglesias es a Albert Rivera del que le dijo a Rajoy que no se fiara de él porque ‘es un espía de Aznar’. Lo que se va diciendo porque Cayetana Álvarez de Toledo, la niña de FAES, está loca por meterse en C’s y si eso ocurre que se cuide Albert, porque Cayetana es una intrigante de no te menees.

Rivera debe de estar subiendo bastante en las encuestas porque muchos le dieron cera. Iglesias, Campuzano -que le llamó falangista-, Tardá y hasta Margarita Robles. La que también estuvo obsequiosa con Rajoy porque les ha prometido que está dispuesto a reformar la Constitución y gracias a eso Pedro Sánchez ya acepta la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Pero está claro que Sánchez no conoce a Rajoy y no sabe que el gallego antes de reformar la Constitución adelantará las elecciones generales y luego Dios dirá o días te vi no me acuerdo y usted que lo pase bien.

Los españoles estamos desconcertados con los políticos y no sabemos si Puigdemont ha declarado la independencia ni si Rajoy ha aplicado el artículo 155. Y esto es tan cierto como que Rajoy le habrá dicho a Puigdemont a través de su contacto secreto en la Generalitat que los plazos de respuesta al requerimiento se podrían ampliar -‘tómate tu tiempo Carles’, le habrán transmitido a Puigdemont- porque si el catalán confiesa el lunes que ha declarado la independencia a Rajoy se le pondrán los pelos de punta de sólo pensar que ello le obliga a tomar decisiones y a suspender la Autonomía catalana y lo que es peor: a gestionar la Generalitat.

“¡Qué pereza!” -pensará Rajoy-, quien hoy asistirá al desfile de las Fuerzas Armadas -el primero de Cospedal, que está más delgada- un acto sobre el que años atrás Rajoy dijo sin saber que había un micrófono abierto que era ‘un coñazo’.  Bueno, ahora no está el patio militar para bromas porque la Infantería de Marina ya tiene un par de batallones en alerta y con toda su intendencia en los buques de la Armada. O sea, que mucho cuidado con el desfile porque los catalanes lo seguirán con mucho interés. Sobre todo ahora que el Barça ha empezado a recular y dice que no quiere la independencia ni salirse de La Liga.

La cosa está tan enrevesada que Colau le habrá pedido a Pablo Iglesias que en próximas elecciones municipales la presente de candidata a la alcaldía de Madrid, porque Barcelona avanza con paso firme hacia una más que ruinosa situación. Porque el dinero es muy cobarde y se están viendo colas en los cajeros de las Ramblas y de la Diagonal. Y eso y lo de pagar las nóminas de los funcionarios catalanes (Mossos y alcaldes rebeldes incluidos) con el visto bueno de Montoro es lo que tiene de los nervios a Junqueras y Puigdemont, que andan por la Generalitat como almas en pena dándole vueltas al coco para ver qué responden al requerimiento de Rajoy.

El que ayer salió encantado del Congreso donde de pronto y ¡por España! ha desaparecido de pronto y como por arte de magia la Oposición, y mire usted  por dónde eso se lo debe el Presidente a Puigdemont.