El Papa Francisco y Blázquez se equivocan

El pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Española sobre la crisis catalana y su oferta de mediación están fuera de todo lugar, porque no denuncia a los políticos golpistas y a los miembros de la Iglesia catalana que los amparan. Además con su declaración la Conferencia se sale de sus funciones pastorales y se acerca a una endemoniada equidistancia política en la que colocan al mismo nivel de su balanza la Constitución y eso que los obispos llaman ‘los derechos de los diferentes pueblos que conforman el Estado’.

¿Qué derechos son esos que se invocan y que no estén dentro de la Ley y la Constitución Española? Una Carta Magna donde se avala, en los acuerdos entre el Estado español y el Vaticano, la financiación de la Iglesia española y ahí incluida la catalana. La que en buena parte se ha declarado hostil a la unidad de España, la Democracia, la Constitución y el Estatuto de Cataluña en línea con el golpe perpetrado por  Puigdemont.

La declaración de la Conferencia Episcopal Española sobre Cataluña es un serio error (en fondo y forma, por taimada que parezca) y constituye una intromisión ilegítima de la Iglesia en la política y la Democracia española. Democracia que por cierto no existe en la Iglesia Católica y olvidando la Conferencia máxima de Jesucristo de ‘al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios’.

Y más aún sorprende la pretensión del cardenal Blázquez de ofrecer su mediación apropiándose de una vela que nadie les ha dado en el pretendido entierro de la unidad de España. Una cuestión que llaman ‘dialogo’ donde no cabe más opción que el imperio de la Ley y la Constitución que es lo que debió recomendar la Conferencia Episcopal, pero no a los españoles sino a los miembros de la Iglesia catalana que en el nombre de Dios se han posicionado fuera de la legalidad y al servicio de Puigdemont.

Cabe imaginar que la declaración de la Conferencia Episcopal tiene la bendición del Papa Francisco por lo que tenemos que concluir que tanto el cardenal Blázquez como el Pontífice se equivocan y deberían rectificar y regresar a la senda pastoral.

No vaya a ser que alguien desde la Democracia española, que tanto nos ha costado consolidar, les recuerde a la Conferencia y al Vaticano los apoyos que la Iglesia ofreció al franquismo y sus sonoros silencios durante la cruel dictadura argentina. Dos episodios no muy lejanos que en la Historia están.