De momento tablas en la partida a ciegas

Podríamos decir que Rajoy y Puigdemont están jugando una partida de ajedrez a ciegas porque una pantalla colocada en la mitad del tablero les impide a los jugadores ver los movimientos del contrario, lo que solo será posible a partir del día 1 de octubre y entonces veremos dónde están las piezas de cada jugador.

La impresión que se tiene es que Puigdemont ya ha desplegado sus piezas más poderosas (caballos, alfiles y reina y se ha enrocado en una torre del Palacio de la Generalitat, mientras que Rajoy continúa moviendo la infantería de sus peones y se reserva el grueso de su ejército para el tramo final de la partida que el Presidente presume que va a ganar.

Lo que solo ocurrirá si cae el rey negro de Puigdemont porque si durante el 1-O se producen votaciones y el día después el presidente catalán continúa en la Generalitat y desde ahí proclama la independencia de Cataluña, en ese caso y por mucho que cante victoria Rajoy la partida se habrá quedado en tablas, al estilo de la Consulta del 9-N de 2014, y el Estado habría quedado en pésima y humillada situación y obligado a desplegar fuerzas de choque.

Y si Rajoy no gana la partida de manera clara y contundente su liderazgo en España y en el PP palidecerá y Cataluña se convertirá en su Waterloo. Que Puigdemont no ganará y acabará mal y puede que incluso en la cárcel eso no es difícil imaginar.

Pero el catalán puede acercar a Rajoy a su tumba porque en España se tiene la sensación cada vez más intensa de que Rajoy no hizo las cosas bien, va a remolque de los acontecimientos y de la iniciativa que lleva Puigdemont y no se atreve a tomar las decisiones que debió adoptar nada más comenzar la fase final del desafío, para la que tampoco tenía nada preparado como se ve en los últimos lances de la situación.

Está claro que lo de la respuesta ‘proporcional’ es solo un escudo para tapar  el inmovilismo proverbial de Rajoy y el temor que le produce la toma de decisiones y enfrentarse a lo desconocido. Porque si la violencia inunda y altera el orden público entonces Rajoy tendría que llegar a donde el mismo dice que no quiere llegar, aunque mucho nos tememos que llegará.

Quedan diez días de movimientos en el tablero sin conocer las posiciones del adversario y Puigdemont declaró anoche que tienen previstas todas las ‘contingencias’ como la caza de las papeletas y puede que de las urnas y el censo porque da la impresión que tienen todo por duplicado. Mientras que Rajoy mantiene su discurso de que el referéndum no se va a celebrar. Y ¿cómo la va a impedir? Esa es la pregunta del millón que Rajoy aún no se atreve a responder y no porque tenga un arma secreta sino porque puede que todavía no sabe lo que quiere hacer.