La magia del ‘iPhone X’

En la lontananza se escucha cantar con voz carrasposa a Don Hilarión en La Verbena de La Paloma: ‘hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…’ Y que lo diga porque ya tenemos en pista el nuevo ‘iPhone X’ presentado en sociedad por Apple como si del descubrimiento de la piedra filosofal o del bálsamo de fierabrás se tratara.

Pero no, es solo otro teléfono móvil que incorpora el número romano para modernizar su 10 y una especie de detector de mentiras con el que con solo mirar identifica a su dueño y se pone en marcha y dice: ‘buenos días Don Hilarión y bienvenido a su iPhone X, su baño caliente está listo y el café y las tostadas están preparadas una vez que a las 7 de la mañana hemos activado la domótica de su casa para iniciar la jornada. El resumen de la prensa del día lo tiene en su iPad y a las 8,30 le recogerá un taxi de Uber en la puerta de su casa’.

Los adictos de Apple ya están haciendo cola para comprar el nuevo iPhone y el reloj inteligente que incluye teléfono y web. Y la fiesta continuará desde el corazón de Silicon Valley, mientras que a los miserables de la Tierra se les mueve el suelo con un terremoto o se les cae del cielo un huracán que mata personas y destruye sus escasas pertenencias y moradas con despiadada furia que nadie puede frenar.

Y ¿no hay nadie que invente algo contra las catástrofes y la miseria en el mundo? Por ejemplo, trigales que crecen sin agua, o agua limpia de lluvia para los desiertos, o medicinas gratis para los desamparados o casas que se fabrican con impresoras 3-D. Lo que sea para cambiar el mundo. Y por favor no más obras de caridad sino más industrias tecnológicas al servicio de la Humanidad.

La magia del iPhone X tiene gracia y el teléfono se venderá como churros en La Verbena de la Paloma. Y puede incluso que los componentes del nuevo teléfono los hayan construido y ensamblado unos esclavos chinos de esos que trabajan quince horas diarias, cobran una minería y duermen hacinados en un sótano de Shangai.

Pero qué le vamos a hacer, este mundo es así y mantiene la base de toda la investigación tecnológica no en la mejora de la condición humana sino en la carrera armamentista y la industria militar. De hecho así nació internet, esta maravilla que permite comunicarnos y contar lo que pasa y también lo que debería pasar y nunca llega por más que sea una perentoria necesidad.