El ratón Puigdemont y el gato Rajoy

Puigdemont esconde el órdago al Estado de sus cartas y sus urnas y Rajoy oculta la respuesta con la su el Gobierno pretende impedir la celebración del referéndum secesionista del 1-O y la declaración de independencia catalana.

Estamos ante un desafío en el que la Generalitat lejos de mantener el tipo y de dar pasos al frente con gallardía y decisión disimula su pretendida pasión secesionista por temor a que el TC suspenda sus leyes de referéndum y de desconexión del Estado, dejando a la vista la sedición de los gobernantes de Cataluña y dando pie a una respuesta Ejecutiva del Gobierno que nadie hoy sabe que camino seguirá pero que se espera firme y contundente.

Puigdemont puede, como pide la CUP, aprobar en la próxima semana las leyes de referéndum y desconexión en el parlamento catalán sin debate y por las bravas de acuerdo con la reforma del reglamento de la Cámara que suspendió el TC  para, a partir de ahí, dejar en las manos de Puigdemont la proclamación de la republica catalana en caso de que el Gobierno impida el referéndum.

Pero el presidente catalán también puede aprobar ambas leyes por decreto y en el último momento (20 días antes del referéndum del 1de octubre) que es lo que pretende ERC para que Junqueras no quede inhabilitado y pueda presentarse a las elecciones autonómicas -que sustituirán el referéndum- como futuro presidente de la Generalitat.

El ratón Puigdemont permanece en la madriguera para que el TC no pueda actuar con celeridad y el gato Rajoy deba esperar hasta el último minuto antes de tomar las decisiones políticas pertinentes -que pretende pactar con el PSOE y C’s- para abortar de manera definitiva el proceso secesionista.

Así están las cosas a tan solo un mes de la fecha oficial del referéndum del primero de octubre tras la que Puigdemont, se celebre o no la consulta, está decidido a proclamar la independencia de Cataluña desde el balcón de la Generalitat y aunque solo sea por unas horas porque parece claro que esta ficción no se convertirá en realidad.

Aunque si puede ser el preámbulo de unas elecciones autonómicas en Cataluña si para entonces hay alguien en la Generalitat que las pueda convocar con aires plebiscitarios y como sucedáneo o alternativa a un referéndum cuya celebración dan todos por imposible. De ahí esa Ley de ‘desconexión’ del Estado español en la que podría apoyarse Puigdemont para proclamar la republica.

Un extraño juego este del ratón y del gato adornado de filigranas jurídicas cuando ya se sabe, porque los secesionistas lo han cantado a los cuatro vientos, que se prepara desde la Generalitat un golpe de Estado.

Y ¿no puede actuar el Gobierno desde ahora mismo frenando semejante pretensión? El gato Rajoy no es una persona de acción y se resiste a tomar decisiones difíciles y radicales con el argumento de la respuesta adecuada y proporcional, con el que ya se le escapó la Consulta del 9-N. Como se le escapará la proclamación de la república catalana por Puigdemont aunque sea de manera testimonial.