Sánchez se viste de estadista y se aleja de Iglesias

Pedro Sánchez ha dado un paso al frente contra el desafío catalán y le ha ofrecido a Rajoy la plena colaboración del PSOE para articular juntos una respuesta contra el proceso soberanista que avanza a ciegas a mitad de camino entre lo demencial temerario y el más espantoso de los ridículos.

Si no fuera por la inquietud que viven millones de catalanes con semejante disparate -en España el desafío cabrea pero no quita el sueño- toda esta chapuza de la Ley de Transición para las desconexión del Estado podría titularse como la hilarante película de José María Forqué ‘Atraco a las tres’ donde una banda de aficionados pretenden atracar un banco.

Sánchez ha roto por fin su silencio meditado sobre Cataluña y se ha vestido con la capa española de estadista, al tiempo que ha dejado en la estacada y hecho un lío a Pablo Iglesias. El que sigue apoyando el referéndum del 1-O en medio de una bronca con su gente de Barcelona donde Domenech nos dice ahora que la Ley de desconexión ‘no es el camino’. Vaya por Dios.

Al final en España se van a visualizar dos bloques políticos: los que están con la Constitución y los que están con Puigdemont y Junqueras, al que Iglesias ha visitado en secreto en casa del inquietante Roures, su empresario protector y socio destacado del ‘patriota’ Juan Abelló.

Y esa línea roja catalana y constitucional que ha pintado Sánchez a las puertas del PSOE marca una diferencia esencial con Iglesias puede dañar las expectativas electorales de Podemos y permitirle la recuperación del voto socialista que años atrás se fugó al partido morado de Iglesias que va a quedar en evidencia y como anti español por su oportunista coqueteo con Junqueras y Puigdemont.

La decisión de Sánchez y de la Ejecutiva del PSOE ha tranquilizado por otra parte a muchos dirigentes y votantes del Partido Socialista que estaban viendo a su secretario general extrañamente de perfil ante el desafío catalán.

El que va a acabar en un rotundo fracaso, sin referéndum, sin desconexión y sin independencia -un cartucho que han disparado con pólvora mojada- como ya lo barruntan en Cataluña muchos dirigentes y amigos de la antigua CiU. La ahora reconvertida en eso que se llama PDeCAT, para eludir de esa manera su responsabilidad en las corrupciones de los gobiernos de Pujol y Mas.