El paseíllo de Rajoy

El Parlamento de Baleares ha prohibido la muerte o maltrato de los toros en las corridas que se celebren en sus islas, pero se ha olvidado de exigir a los toros que no corneen o maten a los toreros para que exista una igualdad de oportunidades en la lidia.

O sea, Baleares impone una corrida de salón a la portuguesa sin la muerte del toro, pero también sin picadores ni banderillas lo que sí está permitido en el vecino país lusitano donde el toreo se hace a caballo con claro riesgo de muerte o heridas para el jinete y su montura.

Por ello lo justo sería que el Parlamento balear convirtiera las corridas en un simple toreo de salón con toreros y monosabios empujando la carretilla con ruedas de bicicleta y dos cuernos. Aunque mucho nos tememos que algo así no interesará a nadie y además tampoco cabe imaginar que a los toros se les afeiten los pitones porque eso también sería dañar al animal.

Por el contrario en la política española que deambula por el Ruedo Ibérico los lances discurren sin piedad y el público quiere sangre o cárcel para los burladores de la ley y los artistas de la corrupción. Y desde luego quieren espectáculo televisivo donde los tertulianos de turno arrean estopa sin parar y, por lo general, con escasos argumentos y preparación.

Por ejemplo, ahí tienen al Presidente Rajoy dispuesto a hacer mañana el paseíllo a las puertas de la Audiencia Nacional donde declarará en calidad de testigo en el juicio de Gürtel y sentado junto a los letrados, según lo ha acordado la Sala para mitigar en algo la llamada ‘pena de telediario’. O el coste político de esta presencia del Jefe del Gobierno ante el tribunal que investiga casos de la corrupción del PP.

Veremos cómo sale don Mariano de esa plaza, si por la enfermería -camino del Tribunal Supremo si durante su declaración los magistrados decidieran cambiar su condición de testigo por la de imputado- o por la puerta grande a hombros de ‘los millonarios’ de las constructoras que financiaban al PP.

Dicen que la acusación popular que ejerce un abogado del PSOE será de cuidado y mucho riesgo para Rajoy quien como los ‘forzados’ portugueses tratará de esquivar las embestidas con la ayuda del presidente del Tribunal que seguramente declarará improcedentes varias de las preguntas que el letrado de la acusación popular -se espera que el fiscal se esconda en el burladero- le haga al presidente.

Aunque el lance que más le gusta a Rajoy en el arte de birlebirloque es el de Don Tancredo. Es decir, el de quedarse quieto como una estatua, vestido de blanco y subido en un cajón, mientras el toro deambula por la plaza en pos de encontrar un enemigo que en ese caso disimula y aguanta la respiración.

En todo caso en Baleares a partir de ahora a los toreros jefes de la lidia ya no se los podrá llamar ‘matador’. A lo más ‘toreador’ como en la Carmen de Bizet pero nada más. En cuanto a Don Mariano solo sabemos que en capilla está encomendándose a la virgen del Rocío de la que lleva en el pecho una medalla de oro que le regaló la ministra Fátima Bañez para que lo proteja de cualquier peligro o adversidad.