Soraya regresa al estrellato

El Gobierno de Rajoy aprobó ayer en el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado para 2017 y aunque desde los bancos del PP se aplaudió al ministro de Hacienda Cristóbal Montoro lo justo es reconocer que ha sido la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha negociado con los partidos de la Oposición C’s, PNV, CC y NC y logrado los acuerdos políticos y económicos que han permitido aprobar las cuentas del Estado.

Asimismo, la vicepresidenta Soraya (a la que muchos acusan de mover los hilos de los fiscales y del Poder Judicial para tapar la corrupción del PP y blindar a Rajoy ante cualquier riesgo no esperado), es la persona clave y decisiva del Ejecutivo para dar cumplida respuesta al desafío catalán de Carlos Puigdemont.

Y todo ello después de haber pasado ella un año viajando en numerosas ocasiones a Cataluña para intentar disuadir a Puigdemont y Junqueras de semejante disparate y hablando en Barcelona con altos representantes de la sociedad civil catalana y sus medios de comunicación. Sin duda dando la cara en un ámbito difícil y hostil.

Y además será Soraya quien coordine la respuesta política y jurídica que el Estado dé al desafío catalán si finalmente se pone en marcha como parece. Motivo por el que la vicepresidenta tendrá preparado desde hace meses un firme plan de actuación y estudiados los distintos escenarios posibles porque está claro que nada se debe dejar para el último minuto ni a la improvisación.

La vicepresidenta había perdido influencia y notoriedad cuando Rajoy le quitó el cargo de Portavoz del Gobierno (se dice que por consejo de Javier Arenas)  en la última formación del Ejecutivo de Rajoy al que se incorporó Dolores de Cospedal, la presunta máxima adversaria política de Soraya en el PP con vista a una eventual sucesión de Rajoy si es que alguna vez se les presenta semejante oportunidad, lo que está por ver.

A partir de esa pérdida de las ruedas de prensa del Consejo de Ministros la buena estrella de Soraya comenzó a palidecer y hubo quien leyó el encargo de Rajoy de su traslado a Cataluña como un destierro, aunque no fue así. Pero lo cierto fue que perdió protagonismo público y eso dio pábulo a toda case de especulaciones sobre sus presuntos movimientos en la oscuridad con jueces, fiscales, CNI, grandes empresas y grupos de comunicación hasta el punto que se llegó a decir -y algún indicio había- que se movía de manera inquietante por los sótanos del poder, y a ella se le imputaban toda clase de artes malabares en el lado oscuro del gran Leviatán del Estado moderno.

Pero el pasado lunes Soraya reapareció en la sala de prensa de la Moncloa para anunciar allí el acuerdo de los Presupuestos de 2017, y para lanzar a Puigdemont -quien ese mismo día se reunía en Barcelona con sus aliados del referéndum para negociar la fecha y pregunta del desafío- las primeras y serias advertencias del Ejecutivo. Y entendimos que la vicepresidenta había regresado al puente de mando del buque que capitanea Rajoy.

Y en estas estamos con Soraya de nuevo en la palestra y  el triunfo de los Presupuestos bajo su brazo y dispuesta y preparada para dar la batalla en el desafío catalán.

Se ha dicho de Soraya que, como buena opositora que fue a la Abogacía del Estado, ella ‘ha aprendido a la sombra de Rajoy y en tiempo récord lo mejor y lo peor de la política’ y que no tiene pasión alguna por la vida democrática ni por la libertad de expresión. Pero pudiendo ser esto así -lo cortés no quita lo valiente- hay que reconocer que ciertas cosas, y algunas importantes, las está haciendo bien.