No hay donde agarrarse

¡Qué desolación! No hay nada bueno y decisivo en la política española, no tenemos donde agarrarnos y de nada sirve pedir socorro porque nadie está a la escucha. El presidente Rajoy presume en la revista Tiempo que ‘está en el mejor momento’ de su vida. Pues ¿cómo habrá sido el peor?

Hay millones de familias españolas en paro y arruinadas por la crisis, tenemos una deuda gigantesca, la corrupción del PP sale a borbotones desde distintas instancias de su partido, los jueces y los fiscales están bajo mínimos y algunos de ellos bajo sospecha y al servicio del Gobierno para tapar la corrupción. Los Presupuestos de 2017 siguen en el alero, el desafío catalán continua su ritmo hacia la ruptura, etc. Su enemigo Sánchez acaba de regresar al liderazgo del PSOE. Iglesias monta en el congreso un primer ensayo de moción de censura y Rajoy más contento que nunca.

Él sabrá por qué. Pero habiendo mejorado la economía y superado difíciles y duras pruebas no es el momento de echar las campanas al vuelo con las manos sucias. Y además para una que denuncia la corrupción como Cristina Cifuentes de pronto se difunde un papelito sin fundamento que la acusa de financiación ilegal del PP de Madrid donde ella nunca tuvo responsabilidades. De verdad ¿el mejor momento de Rajoy?

No importa, los catalanes en lo de corrupción no le van a la zaga al PP y por allí se asoma Jordi Pujol, el marido de la madre superiora de la corrupción familiar para arengar a los catalanes contra la España que les roba. Mas implicado y Puigdemont con la matraca del referéndum, y el poder económico y mediático catalán mirando el tendido de la Monumental de Barcelona donde ya no hay toros ni los habrá.

Pero vayamos al PSOE, el partido está roto al 50 %. Unas décimas más del 50% para Sánchez, el renacido que se vengará de sus adversarios y que odia a Rajoy al que ya ha insultado dos veces llamándole ‘indecente’ y ‘manzana podrida’. Y aún espera Pedro que le llame Mariano para felicitarle por su victoria en primarias. Si hablan hablarán lo justo y lo imprescindible pero nada más. Y Sánchez seguirá en el ‘no es no’ a Rajoy, al PP y puede que a España si lo necesita porque ahora está en lo de la ‘nación de naciones’, o la ‘España plurinacional’, que solo es otro escalón hacia la ruptura de la unidad nacional.

Pedro Sánchez no se habla con casi nadie y menos con los suyos a los que les va a pasar la factura ‘sin perdón’. Pero odia más a Rajoy que a Pablo Iglesias al que Pedro le regalará la ‘abstención’ en la moción de censura a Rajoy -¡otra abstención discutible del PSOE! – a pesar de que en su investidura Podemos votó ‘no’. Sánchez ha ganado pero odia a todo el mundo y desprecia a los periodistas en un plan de perdonavidas: ‘venga, ya vale, venga, dejadme…’. Y sobre todo se esconde porque ese es su juego favorito: desaparecer. Y como ahora no está en el Congreso pues así mucho mejor para él.

Lo de Iglesias es más de lo mismo. Oportunismo a granel. Se ha montado la moción de censura para perderla solo para salir en la foto, y para buscar votos catalanes de los diputados de ERC y PDeCAT ahora dice que apoyará el referéndum ilegal que va a presentar Puigdemont en septiembre. Vende la unidad de España por un puñado de votos y para presentarse como líder de la oposición, mientras Sánchez continúa con su política de odio y, de momento, parece que le regala a Iglesias la abstención. Los de Podemos denuncian cosas ciertas pero no tienen proyecto claro para España, y Sánchez no se sabe lo que quiere ni lo que sacará de ese congreso depresivo del PSOE al que acudirán cabizbajos los barones socialistas que apostaron por Susana y se han vuelto a equivocar.

Menudo panorama político español. Y ustedes dirán ¿y Ciudadanos? Pues Rivera no está mal pero quiere nadar y guardar la ropa, quiere pactar con Rajoy algunos asuntos como los Presupuestos de 2017, pero no le exige a cambio como debiera la cabeza del ministro de Justicia y la de los fiscales Maza y Moix. Motivo por el que al final Rivera aparece salpicado por la corrupción del PP o de costalero de este tan eufórico Rajoy.

El que está pensando que: aprobará los Presupuestos con ayuda del encandilado Rivera y a cambio de dinero para el País Vasco y Canarias; que luego se armará de valor y se enfrentará por fin y a cara de perro al referéndum de Puigdemont; y que si finalmente sale airoso de la porfía catalana del próximo otoño en cuando pasen las Navidades adelantará elecciones para los primeros meses de 2018 y ¡a ganar!

Pues nada eso es lo que hay y lo que se nos viene encima y por ello no nos resulta sorprendente la seriedad o la tristeza que embarga el rostro del Rey Felipe VI en sus apariciones públicas. O ¿le pasa algo más? Esperemos que no, porque aquí ya pasan demasiadas cosas y pocas buenas y por lo que se ve el que está feliz y más contento que unas Pascuas es Rajoy. Que Santa Lucía le conserve -y le arregle- la vista porque la España que él divisa es bien distinta a la que apreciamos los demás.