El pelmazo Puigdemont

Qué tostón nos está dando Puigdemont con el rollo de la independencia y su empeño en reunirse con Rajoy para negociar un referéndum ilegal. Pero si ya le han dicho que no por activa y por pasiva, de viva voz y por carta, que eso del referéndum independentista no es negociable. Entonces ¿a cuento de qué esa matraca?

Pues solo caben dos explicaciones: que el pobre no se entera; o que no se quiere enterar porque cree que así los catalanes van a pensar que Rajoy no quiere dialogar. Pero la matraca de Puigdemont y sus amenazas y chantajes producen en Madrid más pena que otra cosa, y su chulería al decir que el Estado no tiene tanto poder como para impedir el referéndum constituye un desafío impropio de un dirigente político y un desconocimiento absoluto de la realidad constitucional.

Hasta los empresarios catalanes le han dicho a Puigdemont que se presente en el Congreso de los Diputados a explicar su referéndum y a ver qué saca. Pero él ya sabe lo que le pasó a Ibarretxe y no lo quiere intentar.

Entonces ¿a dónde va Puigdemont? Las últimas encuestas catalanas sobre el llamado ‘procés’ dicen que los ciudadanos de ese país están cansados de las idas y venidas de Puigdemont, y las apostillas de su socio Junqueras, otro que tal baila y solo piensa en quitarle la Generalitat a los del PDeCAT cuando acaben las próximas elecciones autonómicas del otoño que será la única y legal votación que podrán celebrar.

Pero este tira y afloja de Puigdemont está llegando a su final y muy pronto se va a encontrar con otra clase de respuestas que llegarán del conjunto de la sociedad civil, los medios de comunicación y posteriormente de instituciones de ese Estado en el que el presidente catalán considera incapaz de aplicar la ley.

De hecho la movilización civil en defensa de la legalidad ya ha comenzado aunque Puigdemont todavía no se ha dado cuenta de ello porque sigue con su cantinela de la negociación del referéndum. Pero muy pronto la verá ante sus narices como el preámbulo de lo que le seguirá.

De manera que esto de la paliza lastimera y mendicante de Puigdemont está a punto de acabar. Y si no al tiempo, porque en tan solo unas semanas en el Congreso de los Diputados y sin Puigdemont esto del proceso recibirá un primer aviso contundente de lo que vendrá por detrás.