El cuarto hombre

Es un dicho popular y muy español: ‘quien da primero da dos veces’. Y eso es lo que ha hecho Pedro Sánchez en el PSOE camino de las primarias de mayo: el salir primero y dar dos golpes: uno en la cabezota vasca de Patxi López; y el otro en la melena desarbolada de Susana Díaz, la que todavía está por asomarse al ruedo para por fin decir ‘aquí estoy yo’.

Flojo de remos anda Patxi con su campaña sin multitudes, y asustadiza está la sevillana porque ve que las bases del PSOE siguen a Sánchez como si fuera el flautista de Hamelin.

Además este Sánchez, lo ha dicho él, es otro Sánchez llamado ‘el rojo’ por Lamban. Y al ser otro no tiene por qué mantener sus anteriores promesas sobre la Cataluña plurinacional, la reforma laboral de Rajoy, etcétera. Y si dijo digo ahora dice Diego y no pasa nada, ni las bases izquierdistas del PSOE se lo van a reprochar. Al contrario, cuanto más rojo se ponga Pedro mejor para él.

Ahora bien su talón de Aquiles está en su colección de derrotas (hasta 7) a lo largo y ancho del territorio nacional y a ese talón apunta la flecha con la que Susana, vestida de Diana cazadora, lo quiere derribar al grito de: ‘Sánchez es un perdedor’.

Y sí lo es, pero Pedro pensará: ‘más se perdió en Cuba’. Y eso es verdad. O ‘de perdidos al río’, donde mire usted por dónde un día de estos se podría encontrar con Íñigo Errejón y luego vaya usted a saber lo que puede pasar.

De momento la izquierda española está partida en dos al 50% entre PSOE y Podemos, y eso lo sabe muy bien y le conviene a Mariano Rajoy a quien a buen seguro no le gusta ninguno de los tres candidatos del PSOE.

Más bien y con buen criterio a Rajoy y a otros muchos más, de dentro y de fuera del PSOE, les gustaría la aparición de un cuarto candidato que no está en liza y que ha sorprendido a más de uno por su seriedad y solidez como es el presidente de la Gestora socialista Javier Fernández. Y quién sabe si al final el asturiano, vista la insoportable levedad de los otros tres, decide dar el paso al frente, lo que tampoco sería de extrañar dado lo que se ve: ‘uno, dos y tres, tres banderilleros en el redondel’.