Catalá y Madrigal

Nadie nos ha explicado por qué Consuelo Madrigal no ha continuado en el cargo de Fiscal General del Estado tras la investidura de Mariano Rajoy. Sin embargo fuentes próximas a Madrigal aseguran que la fiscal estaba harta de las continuas sugerencias e injerencias del ministro de Justicia Rafael Catalá, un oscuro personaje que está resultando ser un peligro para la democracia en general y para la Justicia y la libertad de expresión en particular.

Al parecer Catalá pretendía que Madrigal cambiara al fiscal de Murcia y a algunos otros molestos para el Gobierno y para el PP. Y como Madrigal no accedió el Gobierno nombró a Maza -afín al PP- como Fiscal General y así va el caso del presidente murciano donde Catalá ha sido cazado con las manos en la masa por varios medios de comunicación -El Mundo y La Sexta TV-, ante la vista gorda de Ciudadanos y PSOE que se conforman con dar unos ‘pellizcos de monja’ a Rajoy.

Naturalmente, Catalá no actúa por su cuenta, obedece las órdenes de Rajoy que le transmite la vicepresidenta Santamaría y además el las recibe con gran entusiasmo. Lo que daña la credibilidad del Fiscal General y provoca como se ha visto malestar entre gran parte de los fiscales de este país que si actúan desde la independencia.

Al fondo de todo esto quedan dos casos importantes como son los relativos al desafío catalán y al juicio de los ERE de Andalucía, sin olvidar el caso de los Pujol que se lleva con guante blanco y ellos y Catalá sabrán el por qué.

En lo que se refiere al futuro procesal y penal de Chaves y Griñán podemos imaginar una premeditada benevolencia -como la del caso Nóos- por parte del Gobierno y de sus terminales jurídicas porque de ello puede depender que Susana Díaz llegue a la secretaría general del PSOE y que se facilite, en la práctica, una ‘gran coalición’ de facto entre PP y PSOE para acordar los Presupuestos de 2017 y otras cuestiones de mutuo interés.

Ese es el juego que unos y otros se traen entre bambalinas, siempre a cubierto con el discurso de la ‘razón de Estado’ o del pretendido interés general, que incluye mucho de particular y partidario. Naturalmente al margen del Parlamento y de la opinión pública, por lo que pudiera pasar.