La golfería de Rato viene de lejos

Los presuntos delitos que se le imputan a Rodrigo Rato son probablemente menos de los que merece por prescripción y por culpa de la tardía acción de la Justicia y por otros turbios asuntos aún por descubrir del ex vicepresidente del Gobierno de José María Aznar y ex director del FMI, cargo del que Rato dimitió sin que aún se conozca la verdadera causa de su marcha.

Las andanzas de Rato comenzaron con las privatizaciones de las grandes empresas públicas (Telefónica, Tabacalera, Endesa) y la ocupación por el PP de las principales Cajas de Ahorro del país en Madrid, Valencia y Galicia. Y todo ello mientras entraba en la quiebra la empresa Rebecasa de la familia Rato y el vicepresidente se endeudaba con casi todos los bancos del país y recibía escandalosos favores del sector financiero y el empresarial. El que él y Aznar habían privatizado para colocar a sus amigos y buscavidas, como si fueran los dueños de esas empresas de pública titularidad.

Desde la vicepresidencia económica del Gobierno, Rato hizo mangas y capirotes con tal desparpajo que Aznar se asustó, lo investigó y luego no lo quiso nombrar su sucesor por miedo de que el 'caso Rato' dinamitara el PP. De hecho antes de las elecciones generales del año 2000 Aznar citó un fin de semana a Rato para preguntarle por su situación económica y familiar y Rato mintió diciendo que todo estaba bien. Poco después de ese encuentro Aznar habló con un banquero sobre Rato y le dijo: 'he preguntado a Rodrigo cómo le van las cosas y no me ha dicho la verdad'.

Aznar ganó las elecciones del 2000 por mayoría absoluta y nombró como vicepresidente primero a Mariano Rajoy postergando a Rato, que se enfadó por esa decisión. Luego vinieron los disparates y las mentiras de la guerra de Irak y el 11-M, y el PP perdió las elecciones y Rato se fue al FMI.

Lugar de donde regresó a mitad de su mandato con la ambición de presidir un gran banco español con la fusión de La Caixa con Caja Madrid y Bancaja, aunque antes se hizo colocar en Criteria (La Caixa), el Banco Santander y la Banca Lazard de su amigote Jaime Castellanos -también enredado en su 'affaire'- y luego le pidió a Rajoy que le concediera la presidencia de Caja Madrid donde Rato entró a caballo y sin pudor y allí comenzaron su merecido calvario y su perdición.

Ahora cuando Rato espera la sentencia de las 'tarjetas Black' y mientras aún tiene abiertos varios frentes judiciales se ha sabido que el ex vicepresidente económico del Gobierno era y es un defraudador compulsivo, además de un ruinoso gestor que hundió Bankia y arruinó a los accionistas y las víctimas de sus emisiones de 'preferentes'. Su colección de sociedades opacas, facturas falsas y paraísos fiscales, y el fraude fiscal adornan el currículo de todo un personaje que daba lecciones de responsabilidad fiscal desde el Gobierno de Aznar mientras bajo su mesa de vicepresidente se acumulaban un sinfín de abusos, tráfico de influencias y favores financieros para él y su familia que al final desembocaron en su proceloso horizonte judicial donde acabará mal.