Toros en Barcelona

Hay que ver que malos son los magistrados del Tribunal Constitucional que la tienen tomada con los pobres nacionalistas catalanes y a casi todo lo que plantean les dicen que no encaja en el marco constitucional, que la mayoría de catalanes voto y aprobó en 1978, año en el que se redactó nuestra Carta Magna.

Así de las correcciones al Estatuto que impulsó Zapatero -por eso de que la 'nación española era discutida y discutible' según ZP- se paso a la consulta ilegal del 9N, a cuestiones lingüísticas, a la reciente resolución del Parlament sobre la desconexión española. Y ahora, mire usted por dónde y con ganas de enredar, el TC acaba de suspender la normativa autonómica que prohibía la celebración de corridas de toros en Cataluña.

Bueno, a fin de cuentas 'dura lex sed lex' y las leyes y las decisiones de los Tribunales españoles, malas, buenas o regulares, están para ser cumplidas en todo el territorio nacional porque lo contrario sería la 'ley de la selva'. O una situación de excepcional que rompería el principio constitucional de que todos somos iguales ante la ley. Y ahí incluidos, por ejemplo, Messi, Neymar y todo aquel que esté en 'fuera de juego'.

Pero ocurre que de un tiempo a esta parte y en numerosas y muy dispares ocasiones en Cataluña no se cumple le ley en la enseñanza, el comercio e incluso algunos gobernantes, cuya legitimidad e instituciones que ocupan emana del propio marco legal y constitucional español, ahora han decidido pasarse las leyes por el 'arco del triunfo' porque se han empeñado en decir, por su cuenta y riesgo, que las decisiones de las instancias autonómicas o locales que ocupan están por encima y al margen del marco constitucional del Estado y ya está.

Y eso ocurre en la presidencia de la Generalitat, en el Parlamento catalán, en los ayuntamientos de Barcelona o Badalona, y en otros muchos consistorios y organismos oficiales. Y además eso empieza a ser el pan nuestro de cada día sobre el que en cierta manera y desde hace ya algunos años el gobierno de Rajoy suele hacer la vista gorda con bastante facilidad.

Ahora bien y valgan unos ejemplos sencillos que todos entenderán: si a un españolito lo pillan conduciendo a 125 kilómetros por hora en una autovía, o lo cazan por no pagar el IVA de una chapuza casera, o por tener -como le ocurrió a Pablo Echenique- un empleado de hogar sin declarar, pues en esos casos que se preparen los infractores porque caerá sobre sus cabezas todo el peso de la ley, con multas incluidas.

O sea la 'ley de la selva en Cataluña' porque a Ada Colau le gustan mucho los animales incluidos los 'correbous' y por ello debe ser vegetariana. Y a uno de Madrid al que se le pasó la hora del parquímetro Manuela Carmena le mete una multa en cumplimiento de la normativa municipal. Y no digamos si a un hotelero catalán se le ocurre abrir una pensión en este tiempo de prohibición total en Barcelona.

Eso sí, los gobernantes y responsables fuera de la ley en Cataluña aducen como excusa el sentimiento nacional o su pasión independentista y piden mucho diálogo, comprensión y barra libre para hacer lo que quieran y cuando quieran por encima de la ley. Y si alguien reclama justicia o legalidad aparece Artur Mas y lo llama franquista, mientras Carles Puigdemont se nos declara dispuesto a entrar en prisión con tal de no cumplir los preceptos legales que afectan su proceso secesionista.

Es decir se pone de rodillas y a porta gayola a recibir al morlaco negro zaino y español que lo convertirá en mártir nacional catalán por culpa de las muchas atrocidades que ocurren en el Ruedo Ibérico, donde Mariano Rajoy, el gran don Tancredo de nuestro tiempo -como aquel otro que en 1900 actuaba en La Monumental de Barcelona bajo el apodo de 'el rey del valor-, permanece inmóvil, vestido de blanco y subido en un cajón mientras el toro anda suelto por la plaza.

Ahora don Mariano, el presunto 'rey del valor' de este momento político tan torero y español, está en espera de que los apoderados del coso de Las Ventas de Madrid, que por lo visto son del PSOE, le renueven el domingo el contrato presidencial. Y eso sí, en cuanto se acabe la investidura, don Mariano se volverá a subir al cajón y el tiempo dirá si lo de los toros en Cataluña tiene o no solución.