Muchos diplomas y pocas medallas

Ya ha salido el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, a ponerse la venda antes de la herida para decir que si España no obtiene un buen resultado en los Juegos de Rio 2016 será porque les han recortado los presupuestos en un 50 %. ¡Vaya por Dios! Hasta hace pocas semanas el poderoso equipo olímpico español de 306 atletas se iba a traer de Río cerca de 20 medallas.

Pero pasan los días y solo estamos en 5 y los comentaristas de TVE -otros que se están luciendo- empiezan a decir que España tiene ya más de 20 diplomas y que los diplomas son meritorios e importantes, que es lo que decía la zorra de las uvas que no alcanzaba: ‘están verdes’.

Lo que ocurre es que las estrellas del equipo olímpico español de los últimos años han desaparecido o se han hecho mayores, y que el ciclo dorado del deporte hispano pasó a mejor vida como casi todo en este país donde la crisis económica y social ha diezmado la estabilidad y el trabajo de muchos millones de ciudadanos.

Ahora bien, lo que no es de recibo es el optimismo oficial temerario de los dirigentes del COE que contaban las medallas como si fueran unas galletas. El propio vicepresidente del COI, el español Juan Antonio Samaranch, también se aventuró a hablar de las 20 medallas españolas, pero ahora todo nos dice que se van a poner de moda los diplomas.

Es verdad que en medio de esta cosecha de diplomas tenemos algunas e importantes medallas y sobre todo el triunfo y pundonor de atletas como Mireia Belmonte y Rafael Nadal. Los que además han sufrido el desgaste de una pésima planificación de sus pruebas olímpicas con un exceso de pruebas que ha dañado su resultado final y que luego y sobre la marcha tuvieron que ser rectificadas cuando era demasiado tarde.

En realidad, el error del COE ha consistido en conformarse con marcas mínimas para ir a la Olimpiada llevando demasiados equipos y atletas (más la gran comitiva que los acompaña y adorna) lo que quedará en evidencia si se confirma el fracaso deportivo. El que aún está por ver porque quedan muchas pruebas por celebrarse, pero la tendencia que se adivina no es precisamente para tirar cohetes ni campanas al cielo sino más bien para ir recogiendo velas por lo que pudiera pasar.