Que dimitan Sánchez, Iglesias, Rivera y Ferreras

Como dice el amigo Urbaneja, en este país ‘no dimite nadie’, lo que no deja de ser asombroso. Pero hora es que, tras el 26-J y una vez que pasen los efluvios de las excusas mentirosas, los fracasados se vayan a su casa y den paso a otros (mejor otras) como suele ocurrir en las democracias europeas, salvo España que es una partitocracia y así nos va.

Vaya por delante que el primer sorprendido por la amplia victoria electoral del PP fue Rajoy. De lo contrario, el hombre de mármol habría preparado un buen discurso político que tenía muy fácil con su gran victoria y la crisis del Brexit, pero ‘El coronel no tiene quien le escriba’. Incluso debió ensayar con Viri y cual Romeo la escena amorosa del balcón con un beso apasionado al estilo del que Clark Gable le propinó en Mogambo a Grace Kelly hasta que casi se desmayó.

Pero ya sabemos que Rajoy es como es y que se pasó la noche del recuento electoral con la nariz pegada al televisor ante su asombro y el de los suyos mientras iban cayendo escaños en el cesto del PP: 134, 135, 136 y ¡137! No lo podían creer pero así fue porque los españoles están hartos de esta ya insufrible situación y consideraron que el PP era el mal menor o la única solución.

Y porque Podemos les ponía los pelos de punta al 80 por 100 de los españoles, y el Dúo Sacapuntas, Sánchez y Rivera, iba de mal en peor, mientras el Brexit maldito de la Reina Isabelita II extendía sobre el cielo estrellado de nuestra querida Europa un manto negro de oscuros presagios. ¡Europa en jaque! y el lugar de donde los futbolistas italianos del capitán Buffon nos acaban de expulsar en los octavos de final de la Eurocopa de Francia por culpa de nuestro capitán Ramos, que se empeñó en tirar el penalti contra Croacia y lo falló, como Messi ante Chile.

Bueno, Rajoy ganó las elecciones y además subió en votos y escaños y las perdieron y a la baja con pésimos resultados Sánchez, Rivera e Iglesias y Ferreras lleva más de dos años apoyando a Podemos desde La Sexta TV con entusiasmo y habilidad. El mismo Ferreras que, en la noche electoral no tuvo más remedio que reconocer a regañadientes la victoria de Rajoy y el gran fracaso de su pupilo Iglesias que esa noche, mire usted por dónde, no apareció en su programa estelar de ‘Al Rojo Vivo’, su casa, ni Ferreras lo llamó para exigirle que en ese mismo momento anunciara en Podemos su dimisión.

Aquí no se va ni el Tato, que diría Rajoy. Y cada uno tiene las excusas que necesita: Pablo Echenique culpa del desastre de Podemos a Pedro Sánchez diciendo que los atacó durante la campaña electoral; Pedro Sánchez culpa a Pablo Iglesias por no apoyarle en la investidura; Albert Rivera echa la culpa a la Ley D’ Hont que es la misma con la que sacó 40 escaños el 20-D; y Ferreras presume de su audiencia como si solo fuera un periodista audiovisual cuando en realidad era el gran jefe de la campaña electoral de Podemos, en directa competencia con Moragas, a quien le ha caído el maná del cielo en la mochila.

Y a la espera estamos todos de las oportunas dimisiones y de sus correspondientes relevos: Susana Díaz en el PSOE; Tania Sánchez en Podemos; Inés Arrimadas en Ciudadanos; Mamen Mendizabal en ‘Al Rojo Vivo’. Porque además hora es que las mujeres de tronío lleguen de una vez al poder.

Pero en España no dimite nadie, convencidos como parecen todos los presuntos implicados que ‘no hay dos sin tres’. Y que todavía puede haber unas terceras elecciones. ‘El último tren de Gun Hill’, aquella esplendida película de John Sturges con Kirk Douglas y Anthony Queen.