Arde el monstruo de Seseña

Ni Bono, ni Cospedal ni Page le metieron mano al vertedero ilegal de neumáticos sito en los lares de Seseña. Ese enclave o lugar que ahora arde por los cuatro costados y donde Paco el Pocero montó su pequeña ciudad dormitorio cerca de Madrid y a tiro de piedra de la R-4 y de la A-4, para pegar el que consideró como el pelotazo de su vida. En lo que a todas luces fue un escándalo, un monstruo, construido en un árido descampado que necesitaba agua de Madrid y permisos de Toledo y ahí, entre Pinto y Valdemoro, se encontraron tres amigos del alma por más que de diferentes partidos eran como Pepe Bono, Alberto Ruiz Gallardón y Eduardo Zaplana.

Tres que se han ido de rositas de la política, Gallardón carraspeando en el juicio del caso Nóos, y Zaplana por los pelos de Valencia, donde tenía un sastre más rumboso que el del Camps, amén de una amistad profunda con el Pocero sus aviones y yates variados -el ‘Clara I’- que bien recordarán Cayetana Álvarez de Toledo y Pedro Pérez, que ahora llorando estará por la operación Chamartín (de buena se libró Botella) y que empapelado está en las cuentas de Falciani HSBC con Correa, el albondiguilla y en los papeles de Panamá. Y que se ha hecho socio del pretendido banco de Dakar de los Albertos, Balín, Sáez (todos como Pérez con problemas con la ley) y Blas Herrero, el amigote de López del Hierro y dueño del cheque de los 200 kilos que escondía ‘Margarita seis dedos’ en la faltriquera.

Dakar, capital de Senegal y de ‘la negritud’ de Anson. Un lugar donde puede que aparezca o un pájaro ‘sin fronteras’ y exministro francés de Exteriores entrevistado de sospechosa manera en ABC. Y ya veremos si en todo ello no aparece una conexión con el famoso Zandi, a quien bien conocen y sufrieron los Albertos, que es el ídolo de González -el amigo íntimo que fue de Pascual Sala, Poder Judicial y Constitucional-, porque todos los caminos conducen a las catacumbas de Roma y en algún caso a las de Chicago.

En fin, dejemos de lado el ‘butrón de Dakar’ y vayamos al incendio de las inmediaciones del monstruo de Seseña por donde Paco el Pocero corría con una pala en ristre detrás de un cámara de televisión, en los tiempos del pelotazo de su mega construcción, donde les vendió pisos y bloques a unos listos que resultaron ser unos primos, mientras él daba desayunos de huevos fritos con caviar en el Clara II, que parece ser que luego vendió a los Villar Mir. lo que nos llevaría a imaginar a Piqué en la cubierta del buque con el inefable Javier López Madrid, y puede que también al no menos inefable Pequeño Nicolás, también en otras fotos con Villar Mir.

En este país, empiezas a tirar de la punta de la madeja y al final son los mismos de siempre lo que aparecen en el núcleo del ovillo. Y claro en esto del Pocero, que presumía tener grabaciones de políticos que eran o decían que eran sus amigos, todavía hay mucha tela que cortar y el día menos pensado todo puede saltar por los aires.

De momento y desde Seseña se envían poderosas señales de humo al cielo de Madrid, mientras los habitantes de la panza del monstruo que allí construyó el Pocero son evacuados para huir de la contaminación de tan poderoso incendio y alegoría purificadora que no será fácil de extinguir.