Elecciones sin carteles

Ha dicho María Dolores de Cospedal y de las entretelas que hay que ahorrar en las elecciones del 26-J y suprimir los carteles y banderolas en las grandes ciudades porque los ciudadanos ya conocen de sobra a los dirigentes políticos. Ése no es el argumento, lo que pasa es que los ciudadanos conocen ‘demasiado’ a los políticos y por eso algunos de los dirigentes prefieren que se voten las siglas y que se escondan a los candidatos.

Mal negocio pues para las agencias publicitarias, y punto final a las sesiones fotográficas y retoques de los retratos para quitar canas y arrugas a ellos y ellas y sobre todo ventaja para Rajoy que en todos los carteles parecía Papa Pitufo rodeado de jovenzuelos, entre un equipo de dirigentes donde no aparece una sola mujer entre los partidos más poderosos. Se esperaba a Susana en el PSOE pero no se atrevió.

En realidad lo que busca la eliminación de los carteles personales es que los votantes decidan a favor de las siglas que representan a su posicionamiento ideológico, por encima de otros avatares como los de la corrupción (en el PP) y los fracasos políticos (en el PSOE). Porque en estos comicios que se acercan se está temiendo una gran abstención, lo que podría beneficiar al PP y Podemos en menoscabo del PSOE y de C’s.

Resulta asombroso que la corrupción no le quite votos a los partidos afectados, o que los ataques a la democracia y las libertades tampoco tengan un efecto determinante en las urnas. Al final el argumento para decidir el voto de muchos electores es el de votar a ‘los nuestros’, o ‘los míos’, por encima de todo lo demás.

Máxime en la actual tesitura española en la que asombrosamente crece la economía -en el primer trimestre del año un 0,8%- con un Gobierno en funciones que no toma decisiones importantes. Lo que sin dudas da alas a la abstención.

Lo que está claro es que el discurso del miedo al PP o Podemos está bastante desgastado. Rajoy aguanta porque domina el PP y porque volverá a ganar porque la economía y el bolsillo pesa en el ánimo de muchos ciudadanos. Y Podemos ya no es el lobo negro al que tanto se temía en las elecciones del 20-D porque de alguna manera ya se ha legitimado con sus idas y venidas al palacio de la Zarzuela y con sus negociaciones con el PSOE.

De manera que parece claro que lo de ‘los nuestros’ en la derecha va a favorecer al PP y en la izquierda a Podemos, sobre todo si se presenta a las elecciones de la mano de IU. De ahí que la más difícil tarea será la de Sánchez y Rivera que están atados por su pacto de gobierno y que tendrán que competir a izquierda y derecha y además entre ellos.

Los carteles electorales parece que van a desaparecer. Pero lo más asombroso es que permanezcan al frente de las listas electorales los mismos dirigentes que han sido incapaces de formar gobierno y que, previsiblemente, se encontrarán después del 26-J en una situación similar a la que siguió a las pasadas elecciones del 20-D. Lo que va a prolongar la situación de gobierno en funciones, o país sin gobierno, que por lo que se ve en la mejora de economía no está nada mal.