La mano negra de la Moncloa

Se cuenta en ciertos círculos del PP que Mariano Rajoy es tremendo y que todo aquel que pone en tela de juicio su liderazgo cae fulminado por el rayo, como consecuencia de unas oportunas ‘coincidencias’ que acaban en los medios de comunicación gracias a los empujoncitos que algunos guardianes monclovitas dan a ciertos papeles, documentos, sumarios o informes que circulan por las alcantarillas de la capital del Reino.

Se había comentado que José Manuel Soria pretendía ser candidato a la presidencia del PP en sustitución a Rajoy y ¡zas! fulminado por el rayo. Y Moragas, Soraya y Montoro silbando en el tendido como si nada de todo eso fuera con ellos. Es verdad que su nombre apareció en los ‘papeles de Panamá’, pero el empujoncito final de su offshore en Jersey salió por otro camino en el diario El Mundo y no sabemos quién lo filtró.

Puede que sea una coincidencia pero ahí esta. Sabíamos que Aznar se estaba poniendo farruco con Rajoy, a quien no saludó en el último de los actos en los que ambos coincidieron, y todo ello después de haber pedido un congreso urgente del PP en la Junta Directiva Nacional, y ¡zas! se descubre como por arte de magia que Aznar había sido multado por la Agencia Tributaria, con lo que su autoridad moral y aquello de ‘los principios y los valores’ se derrumbó.

También la Agencia Tributaria le había abierto una inspección a José Manuel García Margallo, otro que se andaba postulando para suceder a Rajoy. De la misma manera que milagrosamente se filtraron los SMS de la Reina Letitzia al ‘compi yogui’ de López Madrid, poco después que el monarca Felipe VI y su alter ego Mariano I tuvieran unas palabritas en la segunda ronda de conversaciones para la investidura.

A otros como a Rato o a Cascos los atropelló, políticamente hablando, un camión de varias toneladas. Y que se cuide Esperanza Aguirre no vaya a ser que el día menos pensado se caiga en la charca de las ranas corruptas que ella ha frecuentado en la Comunidad de Madrid.

Menudo es don Mariano para que le toquen el sombrero. Además sabe que está herido del ala y como presume de ‘independiente’, ojo con todo aquel o aquella que se aproxime demasiado a su liderazgo y sin la previa autorización. Ahí está Soria, su amigo de vacaciones que quiso ser el sucesor haciendo las maletas para marcharse de Madrid con el rabo entre las piernas y un sambenito en la espalda para el resto de sus días. Ahora podrá regresar al negocio de las frutas que nunca debió de abandonar para meterse en la política de la que acaba de salir.