Los Rolling en Cuba y España de procesión

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La Parca del terror ha dejado manchada de sangre y desconsuelo la alfombra azul y estrellada de oro de Bruselas, la capital de Europa. Pero la vida sigue y la venganza vuela con alas de la aviación belga rumbo al Califato donde un falso 'Abdelramán' -nada que ver con el ‘tercero’ de la Córdoba imperial-, también llamado Al Qaduli y número dos del Estado Islámico, ha sido aniquilado en un ataque de drones, los ángeles exterminadores de los EEE.UU. en las tierras de Oriente Próximo y en estos días en las que la cristiandad reza y rememora la pasión de Cristo, ¡Oh Jerusalén!

La muerte pasa a toda velocidad y también de manera natural y un tanto inesperada por encima incluso de los dioses del balón como el mago Johan Cruyff, un holandés que fue profeta en España. Pero la vida avanza trepidante y tecnológica en todas las latitudes del Planeta.

A Cuba, después de Barack Obama -que se da al tango en Buenos Aires- han llegado los Rolling Stones que a su edad están eufóricos como niños con guitarras nuevas. Como a España llegan, huyendo del frío del norte y del Mediterráneo infernal, millones de turistas de a pie y de a caballo como Ángela Merkel a la Gomera y David Cameron, el Sir Lancelot del Brexit, a Lanzarote.

España es diferente. ¡Vaya si lo es! Salen cientos de procesiones por todas las ciudades y pueblos de España, el incienso perfuma las calles, y suenan los tambores de la Calanda de Buñuel a la Baena de ‘El perro andaluz’. Y guapas van las señoras de negro, con varas doradas y con la mantilla de encaje y la peineta de carey -las que tanto despreciaba la Marta Ferrusola- cerrando la procesión por donde deambulan miles de nazarenos y cientos de costaleros, las bandas de música tocando a la salida de los Pasos ¡el himno de España! Que los nacionalistas silban en los estadios. Y los legionarios de pelo en pecho cantando ‘el novio de la muerte’ y llevando a pulso el Cristo de Mena. Y Cospedal sin peineta en el balcón del PP en la Macarena, y el Kichi de penitente en Cádiz junto a su mamá.

Y para que no falte de nada se reponen por doquier las películas de romanos y de la pasión. Ben-Hur, cuya nueva versión está a punto de ser lanzada en las pantallas de todo el mundo, Quo Vadis o Barrabás, mientras los capillitas y beatas siguen por televisión el impresionante Vía Crucis del Papa Francisco en Coliseo de Roma. El nuevo Papa rojo y redentor de los pecados de los cuervos del Vaticano que revoloteaban por la plaza de San Pedro, y cuyas intrusiones en el peor de los pecados -‘escandalizar a los niños’, como lo denunció Jesús- se han llevado este año con Spotlight un duro castigo vestido de Oscar a la mejor película de Hollywood.

En España, afortunadamente sin gobierno, ahora no se está nada mal. La política se ha parado a toque de corneta y redobles de tambor y los penitentes mecen a los tronos plateados de las Vírgenes coronadas de oro y ornadas de esmeraldas, y la España profunda y creyente se suma a uno de los mayores espectáculos del mundo entre velones de cera, playas abarrotadas y noches paganas de sexo, cintas de vídeo y de rock and roll.

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